Lección: Mateo 21:33-46 Texto: Romanos 8:32
INTRODUCCION
Llegando al final de este hermoso Capítulo,
que avanza rápidamente hacia la pasión de Cristo, también nos da dando luz y
confirmación de la realidad espiritual del pueblo Judío de esa época, que desconociendo
al Mesías, los llevará al estado que aún tienen. Las profecías se cumplieron y
lo seguirán haciendo, ya que Dios vio el final desde el principio. Cada palabra
de Jesús, enseñanza y parábola nos debe marcar profundamente. Israel y la Iglesia
de Cristo son reales, ambos tienen su propósito y sumados nos dará el remanente
fiel que cumple con la ley de Dios o de Cristo, que ahora debe regir nuestras
vidas en medio de las congregaciones. No es solo la Ley, sino también el Evangelio
(Jesús), que nos devuelve a esa Ley maravillosa que produce fruto espiritual
(carácter aprobado por Dios), para un día poder. Ahora en estos largos versos,
pero similares a la parábola de los dos hijos, veremos las similitudes y
diferencias de ambas, para llegar a una conclusión en el contexto de las
mismas.
DESARROLLO
v.33-39) v33. Este hombre, padre de familia y hacendado, reservó
una porción de su terreno para una viña. Plantó vides en ese terreno, la cercó
con vallado como protección contra ladrones y animales; la equipó con un lagar
y una torre. El lagar generalmente consistía en dos pozos excavados en la
tierra y revestidos con piedras, o labrados de un risco. La cavidad superior,
ancha y de poca profundidad, servía como receptáculo para las uvas. Aquí eran exprimidas
bajo los pies de los pisadores (Isa. 63:2-3). A través de un tubo el
jugo fluía a un compartimiento más bajo, más angosto, pero más profundo.
Después se vaciaba en tinajas o cántaros (Hag. 2:16). La torre podría
haber sido construida con las mismas piedras que se habían recogido al limpiar
el suelo destinado a los viñedos (Isa. 5:2). En la torre tenía que estar
un atalaya a fin de avisar de todo peligro de pillaje, de chacales y zorras (Cnt.2:15).
La torre también podía ser usada para almacenaje. Habiéndola terminado, la
arrendó a unos labradores (productos parceleros), quienes tenían que darle una
parte pactada en cada cosecha, ese fue el contrato entre las partes. v.34) Llegado
el tiempo de la cosecha, el dueño enviste de autoridad a algunos de sus siervos
y los envía a la viña para recoger la parte de sus frutos (acordado con los arrendatarios),
que le correspondían. v.35-36) Pero los arrendatarios tomaron a los siervos,
golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon al tercero. Mostrando en forma inmediata
ser hombres perversos, malvados, deshonestos y crueles. Pese a esto el dueño de
la viña, en vez de reaccionar contra lo realizado, con la misma maldad o por último,
más enérgicamente, asigna a otro grupo de siervos, pero mayor en cantidad para
que nuevamente vayan a la vendimia a tomar la parte que le correspondía a su
pago por el arriendo, dándoles una nueva oportunidad. Sin embargo, este nuevo
grupo recibe la misma respuesta por parte de ellos, el trato fue el mismo (Implícitamente
los golpearon, mataron y apedrearon).
v.37-39). Finalmente envió a su hijo,
diciendo: Ellos respetarán a mi hijo. Pero cuando estos arrendatarios vieron al
hijo se dijeron entre sí: Este es el heredero; vamos, matémosle y tomemos
posesión de la herencia (que hubiera sido) suya. Entonces le tomaron, le
echaron de la viña y le mataron. Podría argumentarse que en este punto la
historia va más allá de los límites de lo razonable, que en el curso ordinario
de la vida ningún propietario cuyos derechos habían sido pisoteados en forma
tan ruda sería tan generoso como para dar a los criminales aún otra
oportunidad, y ciertamente que no habría entregado a su hijo amado a los
caprichos y engaños de quienes habían maltratado a sus siervos. Esto hay que
admitirlo. Pero entonces hay que tener presente que esta es una parábola.
Además, como se mostrará más tarde (v. 42), esta parábola representa ¡el pecado
como algo extremadamente irrazonable, y el amor como algo incomprensible! Considerada
a la luz de esto, la historia es una de las más hermosas y conmovedoras que
jamás se haya relatado, respecto del amor de Dios por los suyos. Cuando dice “finalmente”, esto ya comienza a
mostrar que el dueño envía a su hijo amado, su único hijo, por no tener a nadie
más a quien encomendar. Ese hijo es lo único que tiene y es su todo. Es todo lo
que le queda, la última palabra del dueño. Así que envió a su hijo pensando:
“Tendrán vergüenza de herir a mi hijo. Ellos le tendrán respeto”. ¡No escatimó
ni a su propio hijo! (Rom.8:32) Pero, ¿qué ocurre? Cuando estos arrendatarios
malvados ven que se acerca su hijo, comienzan a conspirar, ósea no fue algo
instantáneo o de reacción, fue planificado y premeditado. Hoy esto sería un
asesinato con premeditación, diciendo que muerto él hijo, la herencia sería de
ellos. Pero se olvidaron que el dueño (padre del hijo) aún vive y ciertamente
se vengaría. Que torpe, necio y falto de razonamiento es su pecado. Por eso la
Palabra dice “El que mora en los cielos
se reirá. El Señor se burlará de ellos” (Sal.2:4). Los villanos llevan a cabo
su perverso plan. Cuando llega el hijo lo toman, lo echan fuera de la viña y lo
matan.
v.40-46) Antes de terminar la explicación,
Jesús reacciona con su auditorio y les hace una pregunta. Cuando llegue el
dueño de la viña, ¿qué les hará a estos parceleros? Ellos le dijeron: A estos
terribles malvados les dará un fin terrible, y entregará la viña a otros que,
cuando madure el fruto, le den lo que le corresponde. Entre los judíos los
oyentes estaban acostumbrados a que se les pidiera responder a preguntas hechas
por los maestros. Este método de preguntas y respuestas lo empleaban los
rabinos para mantener la atención de los estudiantes y aumentar su interés en
el tema en discusión. En esta ocasión la pregunta de Jesús fue la esperada,
porque después de oír acerca de la terrible maldad de los arrendatarios todos
se estaban preguntando cómo serían castigados. Ellos responden correctamente,
la cual, más tarde será su propia condenación (v.40-43), en la primera parte (Salmos 147:19-20) y en la segunda dicen como cosa lógica, que la
arrendará a otros hombres que si cumplirán sus obligaciones cuando haya llegado
el tiempo de la vendimia. Es ahí cuando remata con el Salmo 118:22-23 para
recordarles a esos doctores de la Ley, que estaban en problemas. Ya habían
matado a muchos profetas y ahora estaban a punto de matar también al hijo. Que
hermoso es saber que las profecías se cumplieron y lo siguen haciendo. Jesús
ahora muestra que las palabras del Sal. 118 tienen su cumplimiento final en “el
hijo del dueño”, es decir, en sí mismo, el verdadero Israel. Él es esa piedra
que estaba siendo rechazada por los principales sacerdotes, escribas y sus
seguidores; en el Calvario fue rechazado por la nación como un todo
(“Crucifícale, crucifícale!”) (Jn.1:11).
Pero algo maravilloso iba a suceder: la piedra desechada se iba a convertir en
la piedra angular: El Cristo crucificado resucitaría triunfante. Y, ¿qué de la
nación, la antigua e inconversa Israel, los que desecharon al Mesías? Jesús les
dice: “El reino de Dios”, es decir, los privilegios especiales del reino, la
posición otorgada ante los ojos de Dios que había disfrutado este pueblo
durante la antigua dispensación, a los que ahora se habían añadido las benditas
palabras y obras de su redentor “os será quitado”. ¿Por qué? Porque no habían
cumplido sus obligaciones. Habían sido como los hombres que arrendaron y que en
el tiempo de la vendimia se habían negado a entregar al propietario la porción
de los frutos que le correspondía. Así que, en lugar del pueblo del viejo pacto
se levantaría una nación ¿no estaba ya comenzando a suceder? “que produzca sus
frutos”, una iglesia a nivel mundial reunida tanto de entre los judíos como de
entre los gentiles. En vez de cumplir Salmos 2:12, que es nuestro texto base de
hoy, ellos estaban ejecutando su sentencia. Jesús termina (v.44) incluyendo
algo fuerte para ellos, diciendo que esa piedra los destrozaría, si ellos caen
sobre ella o viceversa (Luc.20:18). Tremenda sentencia. El sentido del
versículo bien puede resumirse como sigue: todo aquel que se oponga a Cristo va
a ser “pulverizado” (Mat.3:12). Si Cristo lo alcanza con su juicio,
la persona así alcanzada será desmenuzada. v.45). Si algunos de ellos en el
principio no habían entendido que ya en la parábola de los dos hijos había una
referencia a ellos (en el segundo hijo) ciertamente no podían dejar de entender
que la parábola de los arrendatarios malvados estaba dirigida a ellos, por estar
rechazando al Mesías y no tener el fruto esperado. v.46) Pero aunque querían
arrestarlo, tenían miedo de la multitud que le consideraba profeta. Ellos
hubieran querido arrestar a Jesús en el mismo momento, pero recordaron los
hosannas de aclamación en su honor, la popularidad que disfrutaba especialmente
entre los peregrinos que habían venido desde Galilea y entre los que habían
sido testigos de la resurrección de Lázaro. Ciertamente, el pueblo en general,
aun ahora, no estaba honrando a Jesús por lo que realmente era, el Mesías que
había venido a poner su vida en expiación por el pecado (Isa.53), pero la gran
mayoría por lo menos lo tenía por profeta. Y eso bastaba para impedir que los
líderes tomasen medidas radicales en su contra sin una planificación cuidadosa.
CONCLUSION
La viña nos recuerda de inmediato a
Israel. En Isa 5:1-7 se ha basado esta parábola, porque se
nos dice que la viña “será dada a una nación que produzca sus frutos”. El que
plantó la viña es Dios; y él es dueño. Los arrendatarios malvados son los
líderes de Israel: los principales sacerdotes, escribas, ancianos y todos sus
seguidores; por lo tanto, la nación como un todo. Los siervos que fueron a
recibir la porción de la vendimia que el dueño podía reclamar lícitamente, y
que fueron maltratados en forma vergonzosa, son los profetas (Mat.23:3). Como ya se ha indicado, el hijo del dueño es Jesucristo mismo. En
conclusión, hay que agregar una palabra adicional acerca de Jesús como “la
piedra desechada por los edificadores”. Leamos Isa.28:16; Hch.4:11; Rom.9:33; Efe. 2:20 y 1°Ped.2:6. La piedra angular de un edificio,
además de ser parte del fundamento, y por lo tanto, además de sostener la
superestructura, da terminación a su forma, porque, colocada en la esquina
formada por la unión de las dos murallas primarias, determina la disposición de
las murallas y todos los tabiques. Todas las demás piedras deben ajustarse a
esta piedra del ángulo. Tal es la relación de Cristo a su iglesia. Por su
gloriosa resurrección, ascensión y coronación ha sido altamente exaltado, y
desde su lugar a la diestra del Padre envía su Espíritu para morar en los
corazones de sus seguidores y reinar en todo el universo en favor de la
iglesia, para gloria del Dios Trino.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI