Lección: Mateo 23:1-12 Texto: Tito 1:16
INTRODUCCION
El contexto que hemos venido estudiando en estos dos capítulos anteriores, es “La Obra que me diste que hiciera”. Es Jesús quien entra en estos últimos días, ya confirmando las señales proféticas mesiánicas que su pueblo debería haber entendido y aceptado. Las enseñanzas, sabiduría de su doctrina, las señales, milagros y la certificación de su autoridad en la Palabra, deberían haber despertado en ellos el temor y la fe, pero al contrario, su propio pueblo fue el más detractor de todos. Este Capítulo se dividirá en tres partes. Tras unas breves palabras introductorias dando el alcance de la enseñanza de Moisés (v.1-3a), luego describirá los pecados de los escribas y los fariseos (v.3b-12); para entrar en los siete ayes pronunciados sobre ellos (v. 13-36); terminando en el conmovedor lamento de Cristo sobre la Jerusalén no arrepentida (v.37-39). Dios está preparando para la Obra más grande realizada por el Padre en favor de toda la humanidad, en estos últimos capítulos.
DESARROLLO
v.1-3) En forma secuencial a los discursos
anteriores, ahora esta Jesús frente a la multitud (Peregrinos de la Pascua,
Pesaj) y sus discípulos, para seguir plasmando el mensaje del evangelio y la
redención a los que le aceptan. Nombrará varias veces en tercera persona a los
fariseos y escribas, que quizás ya no estaban presentes, o si había algunos,
sólo serían unos pocos; usando el punto más relevante para ellos, que es la Ley
de Moisés, de donde provenías sus enseñanzas.
Como sabemos los
escribas eran los maestros y expositores reconocidos del Antiguo Testamento.
Los fariseos profesaban seguir sus enseñanzas. Además, en general los escribas
eran fariseos, aunque no todo fariseo era escriba. La creciente hostilidad de
los escribas y fariseos hacia Jesús era evidente. Ellos pensaban que Jesús
estaba aliado con Beelzebul, que era un blasfemo, que estaba engañando a las
multitudes y que no se le debía permitir vivir.
A raíz de esta
situación puede parecer un tanto extraño que Jesús ahora esté diciendo a este
auditorio que deban hacer lo que los escribas y fariseos les digan. En esta solución
propuesta, hay que hacer una marcada distinción entre enseñar y decir, como si
Jesús quisiera indicar: “Haced todo lo que los fariseos os dicen que hagan,
pero no hagáis lo que os enseñan a hacer”, es demasiado sutil para ser
satisfactoria. Sin embargo, hay que tener presente lo siguiente:
a. La declaración de
Cristo no se debe interpretar en un sentido absoluto, como si los preceptos de
los escribas y fariseos debieran ser obedecidos sin ninguna calificación. Si
ese hubiese sido el significado, Jesús se estaría contradiciendo aquí
(Mat.5:21-48; Mat.15:3–11).
b. El contexto arroja
luz en cuanto al significado. Probablemente no sólo había en cada sinagoga un
asiento especial llamado “cátedra de Moisés” asignado al escriba más
famoso de la ciudad o pueblo donde estaba la sinagoga, sino que en un sentido a
los escribas y fariseos como un cuerpo se les podía describir como ocupantes de
esa cátedra. El oficio de ellos, especialmente el de los escribas, era enseñar
al pueblo la voluntad de Dios tal como había sido revelada a Moisés. Aunque
estos hombres estaban equivocados muchas veces y rehusaban ver el cumplimiento
de la profecía en Jesús y aunque al aceptar las “tradiciones de los padres” y
aun al aumentar esta gran cantidad de distinciones sutiles y reglamentos
gravosos estaban enterrando la ley de Dios, sin embargo, no es menos cierto que
en diversos aspectos (a diferencia de los saduceos y herodianos) ellos estaban
diciendo y enseñando la verdad. (Mat.3:7). Por ejemplo, ellos creían en los
decretos y la providencia divinos, en la responsabilidad del hombre, en la
inmortalidad del alma, en la resurrección de los muertos, en la existencia de
los ángeles, etc. Además, sus puntos de vista acerca del canon eran mucho más
bíblicos que el de los demás. Por tanto, lo que Jesús quería decir es que, en
cuanto los escribas y fariseos interpretaban fielmente a Moisés, había que
obedecerles.
c. El hecho de que antes
de pronunciar los “ayes” contra sus encarnizados oponentes, que
tienen planes de matarlo, Jesús tenga algunas cosas buenas que decir acerca de
sus enseñanzas, debería aumentar nuestra reverencia y amor por él. Además, debe
tenerse presente que no todos los escribas y fariseos eran necesariamente
hostiles a Jesús. Simón le invitó a cenar (Luc.7:36). Ciertos fariseos le
advirtieron acerca de un peligro físico (Luc.13:31). El escriba o experto en la
ley anterior, dio aprobación al resumen de la ley hecho por Jesús y fue
elogiado por éste. Después de la resurrección de Cristo otro fariseo muy
distinguido, Gamaliel (maestro de Pablo), impidió que las autoridades judías
llevasen a cabo el plan de matar a los apóstoles (Hch.5:33-40). Si bien esto es
verdad, también es un hecho que, en general, los escribas y fariseos eran
enemigos de Jesús y eran culpables de todas las siniestras cualidades acerca de
las cuales Jesús los va a condenar. Aquí lo que Jesús denuncia es más bien
la conducta que la enseñanza, cuando prosigue … pero no hagáis conforme a
sus obras; porque ellos dicen (cosas) pero no (las) hacen. (Rom.2:19-24; 2°Tim.3:5)
v.4-7) En el v. 4, Jesús ha descrito la falta de sinceridad
o de consecuencia que caracterizaba a los escribas y fariseos, además de su
falta de compasión humana, al incluir mandamiento de hombres adicionales que
alteraron la Ley de Moisés, enterrándola y privando a los hombres de recuperar
su libertad. Además, carecían de humildad (v.5-7). Hacen todas sus obras
para llamar la atención de la gente, pues ensanchan sus filacterias y alargan
los flecos de sus mantos; aman los lugares de honor en los banquetes, los
principales asientos en las sinagogas, las salutaciones formales en las plazas,
y que la gente los llame Rabí. A continuación se dan ilustraciones de la manera
en que los escribas y fariseos trataban de recoger alabanzas para sí mismos. Desarrollemos
estos detalles expuestos:
1. Ensanchaban sus
filacterias. Se entiende por “filacterias” los pequeños estuches, cajas o
cápsulas de cuero que contenían tiras de pergamino escritas con pasajes de la
ley: Exo.13:3-10, 11-16 (que conmemoraba los hechos gloriosos de Dios en la
liberación del cautiverio de Egipto y la institución de la Pascua); Deu.6:4-9
(“Oye, oh Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es, y amarás a Jehová tu Dios
con todo tu corazón …”); y Deu.11:13-21 (cómo recompensará Jehová la obediencia
a su ley, y cómo deben ser instruidos los hijos en sus caminos: “los enseñaréis
a vuestros hijos, hablando de ellos cuando te sientes en tu casa. De modo que
estas filacterias eran recordatorios para observar la ley de Dios, es decir,
para hacerlo por gratitud debido a las maravillosas obras hechas en favor de su
pueblo. Como sucede con tantos de estos recordatorios, entre los supersticiosos
degeneran y llegan a ser amuletos para proteger a los que los llevan puestos
contra males y peligros, particularmente contra los demonios. Lo que está
diciendo el v. 5 es que los escribas y fariseos tenían la costumbre de
ensanchar las tiras por medio de las cuales estas filacterias eran atadas a la
frente y al brazo izquierdo. Al confeccionar estas tiras más anchas las hacían
destacarse, de modo que ¡todos podían ver qué piadoso y observador de la ley
era el hombre que las llevaba puestas!
2. También agrandaban o alargaban los flecos de sus
mantos (Tzitzit) (Mat. 9:21) y esto
por la misma razón, que se hicieran más visibles estos recordatorios de la ley
de Dios, de modo que otros, al ver a estos escribas y fariseos, los honrasen
por su maravillosa devoción, por su celestial piedad.
3. Amaban el lugar
de honor en los banquetes y los principales asientos en las sinagogas. La
vanidad y el exhibicionismo ostentoso van juntos. Jesús dio una advertencia
contra este mismo pecado de procurar el mejor asiento en los banquetes o en las
cenas (Luc.14:8). Santiago condenó el pecado de destinar el mejor asiento en
los lugares de reunión a los ricos, mientras al hombre pobre se le manda que
permanezca en pie o se siente en el piso cerca del estrado de los pies de algún
otro. Los mejores asientos en las sinagogas eran los que estaban frente a la
plataforma elevada, sobre la que se ponían de pie el dirigente que oficiaba y
la persona que leía las Escrituras. Una persona sentada en este lugar tenía la
doble ventaja de estar cerca de la persona que leía o que dirigía la oración y
de mirar hacia la congregación pudiendo de este modo ver toda la gente. Además,
el ser acomodado a tal asiento era considerado como una señal de honor.
4. Anhelaban las
salutaciones formales en las plazas. Aunque la palabra usada en el original
puede indicar un saludo verbal amistoso, o un mensaje de saludo escrito (1°Cor.16:21;
Col.4:18; 2°Tes.3:17), aquí tiene una connotación más formidable, como lo
indica el contexto inmediato. Lo que los hombres que aquí fueron censurados
estaban siempre buscando y anhelando no era una simple muestra de amistad, sino
más bien una demostración de respeto, un reconocimiento público de su
prominencia: querían que se les llamara “Rabí”, palabra derivada del
hebreo y que literalmente significa “mi señor”, pero usada más tarde
para dirigirse a los que habían alcanzado una alta reputación como maestros de
la ley de Dios. De honores semejantes a estos sentían hambre y sed estos
escribas y fariseos en que Jesús está pensando.
v.8-12) Frente a este vicio de pomposidad, tan
característico de muchos fariseos o escribas, Jesús recomienda la virtud de la
humildad en v.8-10 …porque Uno es vuestro guía (Maestro), el Cristo.
Aquellos que piensan que Jesús está condenando aquí la idea de un oficio
apostólico están claramente equivocados. ¿Acaso no fue el Maestro mismo quien
instituyó el oficio? (Jn.20:21-23. Hch.1:15-17; 6:1–6; 13:1–3; 14:23; 20:28; Rom.1:1;
1° Cor.1:1; 9:1-2; 2° Cor. 1:1; 12:12; Gál. 1:1; Flm.8- 9). Tanto a la luz del
contexto precedente como del siguiente se justifica la afirmación de que lo que
Jesús está condenando aquí es el anhelo para el alto rango, de tener un
reconocimiento especial por sobre los compañeros, ya que dice que “todos somos
hermano”. Está declarando que solamente él es el Maestro de ellos. “El Padre
que está en los cielos” es el único Padre de ellos; Cristo es su único Líder.
Es claro que no es malo dirigirse al antepasado varón inmediato como “padre”.
Sin embargo, aquí en 23:9 Jesús no está hablando de la paternidad física o
terrenal sino de la paternidad en la esfera espiritual.
REFLEXION PRACTICA: ¿En el ámbito de
iglesia, en el último tiempo se ha visto esto? Hay muchos hombres que están en
eminencia que han pretendido ser mayor que Jesús, donde lo que ellos dicen en
lo que Dios dice. Por eso debemos reflexionar en esta enseñanza, donde el
Maestro nos dice que a nadie debemos llamar “padre” espiritual (o “madre”),
porque ninguno de nosotros puede hacer nacer a otro espiritualmente, sólo Dios
por medio de Su Espíritu.
De este modo Jesús
está diciendo que la atención de sus seguidores no debe estar puesta sobre los
títulos y distinciones humanos, sino sobre Dios en Cristo, quien es digno de
toda reverencia, alabanza y honra. Y por otro lado, si alguien es o se considerado
como “padre” o “madre” de otro, debe ser sólo para marcar una diferencia de
consejería, ya que como dice Pablo, fueron engendrados “en Cristo Jesús”, mediante
el “evangelio”, usándose este termino en sentido secundario, como el apóstol lo
usa con su hijo Timoteo, nunca por sobre el de Jesús, menos del Padre Espiritual
de todos.
Los versos 11 y 12
usan un proverbio que aparece varias veces en las Escrituras con pequeñas
variaciones (Job 22:29;
Pro.29:23; Luc.14:11; 18:14; Stg.4:6; 1° Ped. 5:5). En cuanto a la ambición y la
vanidad egocéntrica, “antes del quebrantamiento está la soberbia y antes de la
caída la altivez de espíritu” (Pr. 16:18). Ejemplo de Senaquerib (2°Cro. 32:14,
21), de Nabucodonosor (Deu. 4:30-33) y de Herodes Agripa I (Hch.12:21-23)? Por
otra parte, en cuanto a la humildad Dios mismo promete habitar con aquel que es
“quebrantado y humilde de espíritu” (Isa.57:15). ¡Qué exaltación más gloriosa se puede desear?
Ejemplos: el centurión que fue elogiado (Mat.8:8, 10, 13), la humilde mujer Sirofenicia
(Mat.15:27-28) y el cobrador de impuestos arrepentido (Luc.18:13-14).
Jesucristo mismo es tanto la causa de la humildad de sus discípulos como el
ejemplo para ellos en humildad y en la realización de servicio voluntario .Esta
enseñanza está en todo el evangelio. Sin humildad, no hay salvación ni vida
para la gloria de Dios. Sin temor a ser refutado con éxito uno puede decir que
la confianza humilde en Dios y el anhelo agradecido de hacer su voluntad se
enfatizan a través de todas las Escrituras. “¿Dónde, pues, está la jactancia?
¡Queda excluida!” (Rom.
3:27).
Todo aquel que comprende que es justificado por la fe, es realmente humilde,
porque sabe el alcance de esto, y la imposibilidad de nuestra condición. Amén.
CONCLUSION
Simplemente
acudiremos al dicho “este es como el padre Gatica, predica, pero no practica”,
sería la conclusión de esta Escuela. La detracción de sus enemigos (de su propio
pueblo) era en base a lo que no hacían, frente a la transparencia de Jesús,
quedan expuestos. Parece ser que la verdad siempre es incómoda a estas
personas. No importa el rango dado por la estructura religiosa, pues en Cristo,
somos uno, y la reputación de un ministerio es y será siempre evaluado por Dios
directamente, en base a lo consecuente entre lo enseñado y realizado frente a
los demás. Seamos humildes en estos tiempos de tanta soberbia, ya que sólo así
seremos mayores entre iguales. Dios nos dará la autoridad espiritual que se
requiera, siempre entregando toda Gloria para Jesús, Señor nuestro. Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI