Lección: Mateo 21:23-27 Texto: Romanos 1:21-22
INTRODUCCION
No podemos olvidar lo que sucede
cuando Jesús a los 12 años de edad, en la fiesta de la Pascua que se celebraba
cada año en Jerusalén, se les extravía a sus padres y después de tres días lo
encuentran en el Templo sentado en medio de los: doctores de la Ley, enseñando.
Todos los que le escuchaban quedaban maravillados por su inteligencia y sabiduría
en las respuestas que salían de su boca (Lucas 2:41-52). Aquí hay algo especial,
esto ya marcaba la diferencia inmediata con quienes en forma hipócrita querían
o pretendían tener la autoridad de las Escrituras, aún sin cumplir como se
debía la Ley de Dios, que más tarde los corrige en el Sermón del Monte. No
cuestionaremos la incredulidad que ellos tenían frente a Jesús como Mesías, ya
que estaba profetizado que así sucedería a Israel, para que nosotros tuviéramos
parte en esta redención maravillosa. Sólo diremos que cuesta comprender que con
todos estos años, aún los ancianos y sacerdotes no hayan entendido que estaban
frente a Dios mismo, que Él era la Justicia de Dios caminando, por lo tanto, la
autoridad misma. Veremos, que lo mismo sucede al final de sus días y ahora
habrá una pregunta y otra una contra pregunta que sellará el cuestionamiento. Vemos
este pasaje en Marcos 11:27-33 y Lucas 20:1-8.
DESARROLLO
v.23-24) Jesús estaba enseñando, sin duda, en
uno de los “pórticos” o “portales” o “vestíbulos” del templo. Estos pórticos
eran hermosos y grandes. Estaban formados por una columnata cubierta que
recorría todo el contorno del muro del vasto complejo del templo. El más
espléndido y amplio de todos era el “pórtico real” (Stoa Basilica), edificado
donde, según la tradición, había estado edificado el palacio de Salomón, consistente
en cuatro hileras de columnas, 162 en total, que formaban tres vastos
vestíbulos en el costado sur del complejo del templo. También era famoso el
Pórtico de Salomón en el lado oriental (Jn.10:23; Hch.3:11; 5:12). Jesús estaba
enseñando y predicando el evangelio en uno de estos lugares (Luc.20:1),
y aparecen “los principales sacerdotes y los ancianos”, “los principales
sacerdotes y los escribas y ancianos” (Mar. 11:27). Se acercan al
Maestro, como ya sabemos, en grupos organizados y con el mismo objetivo,
enviados por el Sanedrín. Lo anterior, ya que la pregunta es bien específica. Con
qué autoridad Jesús estaba haciendo estas cosas, es decir, quién le
había dado el derecho. Le estaban diciendo: “¡Muéstranos tus credenciales!”
Era un intento de desconcertar a Jesús. Si él reconocía que no tenía
credenciales podría esperarse que el pueblo le perdiera el respeto. Por otra
parte, si se consideraba autorizado para hacer lo que había estado haciendo,
¿no se estaba arrogando para sí derechos que pertenecían solamente a Dios? ¿No
se le podría acusar entonces de una conducta blasfema? Al no atacarlo
directamente, por ejemplo haciéndolo arrestar, ellos revelan que le tienen
miedo debido a los que le siguen. Pero, ¿qué quieren decir por “estas cosas”?
Tienen que haberse estado refiriendo a actividades recientes o presentes, es
decir, a las cosas que había hecho el domingo o el lunes, o lo que había estado
haciendo este martes, es decir, su entrada triunfal como Rey en Jerusalén (Con
las hosannas de discípulos y los niños), sus sanidades ejecutadas, la limpieza y
purificación del Templo e incluso secar la higuera. Lucas destaca más, el hecho
que Jesús estaba enseñando en el templo (Lucas
19:47-48) y la predicación del evangelio en ese lugar,
es lo que debió haber molestado a los líderes judíos. Decir, como algunos, que
los principales sacerdotes, los ancianos, etc., no podrían haber tenido
presente esto porque “todo rabí tenía derecho a enseñar”, es errar el punto:
estos dignatarios judíos ciertamente no querían que allí fuera predicado “el
evangelio”. Lo tremendo, es que es lo mismo que sucede hasta los días de hoy.
La palabra AUTORIDAD en la pregunta
que ellos hacen, es en griego exousía ( en el sentido de
capacidad); privilegio. (Subj.) Fuerza, capacidad, competencia, libertad u
maestría. (Concretamente magistrado, sobrehumano, potentado, símbolo de
control). Influencia delegada, autoridad, derecho, jurisdicción, libertad,
poder, potencia, potestad.
En el verso 24 Jesús usa Proverbios 26:4-5 para responder con una contra pregunta. Por medio de
esta, Jesús no estaba de ningún modo evadiendo la pregunta que se le había
hecho, porque una respuesta honesta y correcta a su pregunta inequívocamente
hubiera señalado hacia sí mismo como el Más Grande a quien Juan había
proclamado, y por lo tanto habría significado que el derecho y la autoridad de
Jesús para hacer estas cosas habían venido de Dios. Fue mientras Juan bautizaba
que éste había proclamado a Jesús como su superior (Mat.3:11-12; Jn.1:26-27),
y fue poco después del bautismo suyo por parte de Juan que éste había
presentado a Jesús como “el Cordero de Dios que está quitando el pecado del
mundo” (Jn.1:29).
v.25-27) La pregunta de Cristo dejó arrinconados a sus
enemigos. Obviamente ellos no querían responder: “El bautismo de Juan tenía un
origen celestial”, porque ellos sabían muy bien que la respuesta sería: “¿Por
qué entonces no le creísteis?” Por otra parte, si daban a conocer lo que
probablemente la mayoría de ellos pensaba, o por lo menos quería pensar, que el
bautismo de Juan era de los hombres, el público en general, quizás
especialmente las multitudes de peregrinos venidos de Galilea, se les volverían
definitivamente hostiles, y aun podrían apedrearlos (Luc.20:6). ¿No
consideraban las multitudes a Juan como profeta? Así comenzaron a razonar entre
ellos estos dignatarios a fin de dar una respuesta. Su decisión fue deshonesta,
aunque no sorpresiva. No dijeron, “no queremos responder a esa pregunta”, lo
que por lo menos hubiera sido honrado, sino “No sabemos”.
Habiendo dado este trasfondo, no
requieren mayor explicación los versos 25b al 27. Ellos discutían entre sí: Si
decimos: Del cielo, él nos dirá: ¿Por qué, entonces, no le creísteis? Pero si
decimos: De los hombres, tenemos temor del pueblo, porque todos consideran a
Juan como profeta. Así que respondieron a Jesús: No sabemos. El, a su
vez, les dijo: Tampoco os digo con qué autoridad yo hago estas cosas.
Es interesante que la respuesta de
estos expertos de la Ley es “NO SABEMOS”, eso les da clara ignorancia y por
ende ninguna autoridad frente a Jesús y el pueblo. Que grande es la sabiduría
de nuestro Dios. REFLEXION PRACTICA : En el tiempo que vivimos “el
evangelio”, nosotros “los creyentes en Jesús>”, Jesús mismo y todo lo que es
divino, está siendo cuestionado en su autoridad. No nos alteremos para
responder con desenfreno, usemos la sabiduría que hoy nos enseña esta lección
magistral.
Referencias : Isa.6:10,
42:19-20; Jer.8:7-9; Mal.2:8-9; Rom.1:28; 2°Cor.4:3.
CONCLUSION
Sólo Dios tiene toda autoridad, sobre todas las
cosas existentes, las que conocemos y las que no, las que son reveladas y las
que no, por el simple hecho que su perfección es tal en su Deidad, por su rectitud,
santidad e integridad de su esencia (Deu.32:4; Salmos 33:5, Isa.61:8).
Ningún ser celestial, menos nosotros podríamos cuestionarla. Estamos al debe y
es necesario comprender que el evangelio es esa autoridad caminando, por la
cual nosotros debemos andar (Su Ley perfecta expresada en sus mandamientos), si
realmente le amamos (Juan 15:9-10).Gracias Jesús por tener la autoridad que nos salva y nos dará la
victoria por la fe. Nadie tiene autoridad si no cumple la Ley de Cristo, y el
que peca deja de tenerla. Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI