Lección: Mateo 23:25-36 Texto: Job 15:6
INTRODUCCION
Los ayes que Jesús pronuncia son proporcionales
al estado espiritual de los fariseos y escribas, sus vidas como ya vimos no hacían
lo que decían y solo mostraban externamente una apariencia de piedad falsa que
no cumplía con la Ley de ellos mismos. Ahora terminaremos con la segunda parte
de estas expresiones gráficas y a la vez prácticas (tipo parábolas) que nos muestras una realidad que siempre las
malas interpretaciones o el orgullo de los hombres en los sistemas religiosos pueden
llegar a tener. Disfrutemos la simpleza, pero a la vez la profundidad de las
palabras del Maestro.
DESARROLLO
v.25-26) En el quinto ay,
Jesús comienza, no fijando la atención en la comida, sino en la vajilla que se
usa para esto, tanto copas como los
platos, lugares donde se sirve lo que se come y bebe, haciendo una distinción clara
entre ambas cosas. Ahora estos elementos son los que se analizan. Para la
ceremonia del lavado de los vasos, podemos recordar lo que dijo en Mateo 15:1-20,
y comprender que lo que se comía también era importante y como se hacía (Veamos
Gál.2:11-13). Lo que el Señor está diciendo es
que sus adversarios ponían mucha más atención al lavado ritual de estos vasos
que a la procedencia de las cosas que van en ellos, y la manera en que se
consumen los contenidos. La copa y el plato pueden haber sido meticulosamente
purificados física y ritualmente, pero si lo que contienen fue obtenido por
medio de la extorsión, ¿qué valor tiene esta sumisión a la tradición para los
escribas y fariseos? Estos hombres eran arpías como indica claramente el
original griego. Eran rapaces, codiciosos y avaros, amantes del dinero (Luc.16:14, 12:47; Mar.12:40). Los escribas y fariseos no sólo eran culpables de la
forma en que obtenían el contenido de las copas y platos (Sino también su ropa,
casas, oro, plata, etc.), sino también de la forma en que usaban lo que habían
obtenido (con robos e injusticias). Donde los saduceos eran los campeones del
materialismo. Aunque en el verso 26 habla en singular (Fariseo), está diciéndoles
a todos esos ancianos, que con su aparente conformidad en la tradición, en este
caso la limpieza cuidadosa del exterior de las copas y los platos, jamás
producirán pureza interior de corazón. El interior debe ser purificado primero
por la gracia de Dios. Cuando se ha hecho esto uno no necesita preocuparse por
el lavado ceremonial externo. El hombre que no puede ver esto es ciego,
¡deliberadamente ciego!.
v.27-28) El sexto ay,
está relacionado, y ahora aparece más claro lo “externo” al usar las palabras “por
fuera” y lo “interno” al usar “por dentro”. Jesús está por señalar que el
pecado de sus adversarios es que exteriorizan la religión como si la apariencia
externa fuera una buena cobertura para la deshonra y el crimen. Para esto
muestra una realidad que se producía en el tiempos cuando estaba por llegar la
Pascua Judía (Pesaj), celebrado anual y perpetuamente por la liberación del pueblo
Judío de Egipto. Aquí los peregrinos, que llegaban en gran cantidad a Jerusalén
de todas las direcciones, veían en las cercanías de la ciudad muchos sepulcros
blanqueados, ya que unas pocas semanas antes los habían pintado con cal en
polvo (las tumbas) para que se vieran impecablemente limpios, bonitos y
elegantes a la vista, con el fin de que ningún peregrino se hiciera
ceremonialmente “inmundo” al entrar inadvertidamente en contacto con un cadáver
o un hueso humano (Núm.19:16; Luc.11:44). Sin embargo, en el interior tales
sepulcros estaban llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia y
suciedad. Así también, dice Jesús, vosotros por fuera parecéis justos ante la
gente, mas por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad (Hch.23:3).
Lo que realmente cuenta a nuestro favor, en lo que respecta a Dios, es lo que
el hombre es interior, espiritual y moralmente (1° Sam.16:7;
Rom.2:28-29). La
iniquidad aquí mencionada es “ilegalidad”, que no es la condición de estar sin
ley sino la de despreciar la ley de Dios.
REFLEXION PRACTICA : ¿Existirá esto hoy en las iglesias?
No polemice, sólo podemos decir que la religiosidad, si produce lo mismo que en
aquel tiempo.
v.29-32) Llega el septimo ay en estos
versos. La edificación de sepulcros podría indicar el levantamiento de nuevas
estructuras, grandes bóvedas o mausoleos imponentes, en los lugares donde
fueron sepultados los profetas. Sin embargo, el verbo también se puede referir
a la ampliación o reparación de las estructuras antiguas. Algunos piensen que,
en algún sentido, se estaba edificando durante el ministerio terrenal de Cristo
la tumba del profeta Zacarías al pie del Monte de los Olivos. Hch.2:29 muestra claramente que se daba honra a
la tumba de David. Estos tremendos sepulcros eran al mismo tiempo monumentos
que se hacían en honor al muerto. Basados en esta interpretación, “sepulcros” y
“monumentos” serían sinónimos (2° Rey.
23:17); igual
ocurriría con “los profetas” y “los justos”. También podría haber monumentos
distintos de los sepulcros. En Gén.35:20 leemos de “un pilar sobre su (de
Raquel) sepultura”.
La hipocresía señalada por Jesús se
refiere al hecho de que estos mismos escribas y fariseos que se preocupaban de
honrar a los profetas, al mismo tiempo estaban haciendo planes de asesinar al
mayor de todos ellos, el mismo Mesías. Esto es fuerte, pero era la verdad.
Ellos estaban diciendo v.30) “Si hubiéramos vivido en los días de nuestros
padres, no hubiéramos cooperado con ellos en el asesinato de los profetas”. Sea
que estos hombres jactanciosos se diesen cuenta o no, la afirmación que estaban
haciendo implicaba: “Somos hijos de asesinos”. Y la mala intención de sus
corazones demostraba que también ellos mismos eran homicidas. No sólo son hijos
de los homicidas, sino que son hijos típicos: la sangre de sus homicidas padres
estaba aún en sus venas. Era exactamente como Jesús decía: De este modo estáis
testificando contra vosotros mismos (al reconocer) que sois hijos de aquellos
que asesinaron a los profetas. Continúa v.32: Sigan entonces, y completen la
medida (de la culpa) de vuestros padres. O sea, a pesar de su perversidad
interior, estos hombres se jactan de su superioridad moral.
v.33-36) Al culminar Jesús, emite la sentencia que tendrán estos hombres, por las
razones expuestas. No podrán escapar de lo que se les viene. La palabra usada
como Infierno es aquí literalmente “Gehenna”. [géenna =de
origen hebreo; valle del (hijo de) Hinón; gehena (o Ge-hinón),
valle de Jerusalén, usado (figurativamente) como nombre del lugar (o estado) de
castigo eterno:- infierno. Dicc.Strong]. En cuanto al juicio para esto, a las
mismos actors, podemos recorder lo dicho en Mateo 5:20. El pasaje hay que interpretarlo a la
luz del contexto , que indica que en los vv. 34, 35 Jesús está mostrando cómo
los escribas y fariseos, junto con todos sus seguidores, están demostrando y
van a demostrar que verdaderamente son hijos típicos de sus padres, los que
asesinaron a los profetas. La historia se está repitiendo. La medida de la
culpa de los padres está llenándose y se va a completar. Luc.11:49 muestra que lo que Jesús está diciendo
era también lo que Jehová en su sabiduría había declarado en cuanto a los
pecados de quienes matarían a sus embajadores, y los juicios que vendrían en
contra de ellos. En otras palabras, Jesús, al decir “Yo (muy
enfáticamente) estoy enviándoos profetas …”, está declarando que
al hacer esta afirmación une su voz a la del Dios que inspiró a los profetas
del Antiguo Testamento. (Jer. 7:25-29> En ese pasaje Jehová también declaró
los mismos tres hechos que se encuentran en Mat.23:34-35.)
Esta es una realidad de siempre, la
voz profética de advertencia, la negativa a oírla y el castigo por no atender.
Es como si fuera una historia
interminable. La decisión o el decreto de derramar la ira final sobre todos los
que endurecen sus corazones fue hecha no sólo en los días de la peregrinación
terrenal de Jesús, ni solamente en los días de Jeremías y los otros profetas,
sino en el plan eterno de Dios.
En cuanto a los demás detalles aquí en
Mat.23:34-35, los profetas son todos aquellos que verdaderamente declaran la
voluntad y mente de Dios a su pueblo: Moisés, Elías, Isaías, Jeremías, los
profetas y maestros mencionados en Hch.13:1-2 ,
Agabo, etc. El más grande de los profetas es Jesús. Pero, además, en un
sentido, ¿no eran profetas todos los apóstoles? ¿No eran sabios también los que
llenos de la sabiduría de Dios predicaban a Cristo, quien es él mismo
“sabiduría de Dios”? (1°Cor. 1:23, 24, 30). El verso 34 se cumplió con él mismo
y sus discípulos siguientes, hasta hoy. Las persecuciones son crueles y ya
estaban profetizadas, por esta misma razón.
El v.35 es importante al hacer el
seguimiento de los casos que se les están siendo imputados. Para esto hay que
investigar brevemente una cuestión en cuanto al texto. Tiene que ver con
Zacarías “hijo de Berequías”, a quien asesinasteis …” La referencia es
indudablemente al Zacarías cuyo valeroso testimonio y muerte cruel se relatan
en 2° Cró.24:20-22. La razón por la que Jesús dice “desde Abel hasta Zacarías”
es que, según el orden de los libros en la Biblia hebrea, Génesis (por lo
tanto, Abel) está en primer lugar y Crónicas es el último libro (donde aparece
“Zacarías”). Lo que Jesús está diciendo es que la sangre de todos los justos,
desde el primero hasta el último, desde Abel hasta Zacarías, el relato de cuyos
asesinatos se relatan en la Escritura (el Antiguo Testamento) se imputará a
“esta generación” (Luc.11:50), el pueblo judío, particularmente
los contemporáneos de Cristo. Así el río de sangre, desde Abel hasta Zacarías,
es seguido por el río de fuego, el fuego de la ira de Dios y su castigo. Esta
ira fue derramada sobre el pueblo judío porque debido al asesinato de Cristo y
la persecución de sus embajadores mostraron unanimidad de pensamiento con
aquellos que en días pasados habían asesinado a los profetas. Además, todos
estos terribles crímenes se habían cometido a pesar de las repetidas
advertencias y las repetidas invitaciones al arrepentimiento, de las cuales
cada generación ha sido y somos testigos. Dios nunca dejará de advertir a los
suyos. Amén.
CONCLUSION
Nuestra conclusión de esta clase, se
une a la anterior, ya que al estudiar el contexto histórico en que Jesús
pronuncia los ayes, obtenemos una mejor comprensión de sus palabras de reprensión,
sobre su pueblo, que supuestamente conocían su Ley y la aplicaban. La diferencia
con la lección anterior es que aquí se extienden las razones y aumenta el peso
de la culpa frente a la verdad pregonada por sus siervos en todos los tiempos.
Nadie quedará sin escuchar la reprensión de advertencia, incluso nosotros. Como
iglesia debemos seguir aprendiendo de los Judíos y no cometer los mismos
errores pasados. La sentencia es clara y contundente, para que ir allá
(Infierno) si Él ya nos casó de ahí por gracia y entramos a esta por medio de
la fe, todo lo cual proviene de nuestro Mesías. Cuidemos lo que pensamos,
decimos y hacemos, de adentro hacia afuera. Amén!