Lección: Mateo 22:23-33 Texto: Daniel 12:2
INTRODUCCION
Ya hemos estudiado el propósito de los
detractores religiosos de Jesús. Siempre con sus preguntas tan rebuscadas y
especiales con el fin de argumentar algo en contra del Maestro. Tuvimos la
reciente escuela del impuesto y la imagen inscrita en el denario. Ahora
escudriñemos nuevamente la respuesta del Mesías, que con perfección nos dejará maravillados,
ya que los terrenales, carnales siempre verán todo con estos ojos. La resurrección
será la gran enseñanza de estos versos, llevados por la misma Palabra a la
eternidad, nunca a lo terrenal. Este pasaje también se encuentra en los sinópticos
de Marcos 12:18-27 y Lucas 20:27-40.
DESARROLLO
v.23-28) Los Saduceos que tenían una total
diferencia teológica con los fariseos doctrinalmente, sobre todo en el tema de
la resurrección de los muertos y la inmortalidad del alma, negándola
completamente, son ahora los protagonistas de una pregunta capciosa, usando la
Ley de Moisés como señuelo, se acercan solos para este ataque al Maestro, con
propiedad absoluta. Cuando dice en “aquel día” es porque era un mismo día en que
Jesús recibe estas preguntas de sus enemigos, y para ser más específico, ese
día pasarán muchas cosas que empezaron en Mat.21:20 y probablemente continuaran
hasta Mat.26:5, un día notable, ciertamente, el martes de la semana de la
pasión.
Los saduceos comienzan su ataque con
la frase: “Moisés dijo”. La referencia al gran dador de la ley, Moisés, debe
servir para añadir peso a su argumento. Hay que tener presente que esta secta
tenía al Pentateuco (5 primeros libros, escritos por el legislador de Israel) como
de mayor valor que los demás libros del Antiguo Testamento. Ahora hacen de Deu.25:5-6 la palanca para su pregunta. En ese pasaje se da a Israel la ley del “matrimonio
levirato”. Según esta ley, si una esposa pierde su marido antes que
haya nacido un hijo varón (quedando viuda), el hermano de su marido, o el
pariente más cercano, debe casarse con la mujer, para que el primer hijo nacido
de este casamiento pueda ser contado como hijo del fallecido y que no se pierda
la línea de éste. La desobediencia a este mandamiento se consideraba una grave
ofensa (Deu.25:7-10). La obediencia a medias, de modo que
el hombre estaba dispuesto a casarse con la viuda, pero no tener hijos por su
intermedio porque el hijo no sería contado como suyo, se penaba con la muerte,
como en el caso de Onán que fue castigado de esta manera (Gén.38:8-10).
Para una interesante aplicación de la ley del matrimonio levirato podemos leer Rut.4:1-8
(específicamente el verso 5). No es claro hasta qué punto esta ley se estaba
obedeciendo todavía durante la peregrinación terrenal de Cristo. Estos, cuentan
una historia de una mujer que tuvo siete maridos; no sabiendo si este informe
era real (como algunos expositores creen) o sólo una invención con el fin de
mostrar cuán completamente absurda es, desde el punto de vista de ellos, la
creencia en la resurrección del cuerpo (Hay muchos que también creemos que es
un invento preparado), cada cual puede juzgar este punto.
El relato : Siete hermanos estaban
(viviendo) entre nosotros, el primero se casó, murió, y como no tenía hijos
dejó su esposa a su hermano. Lo mismo le ocurrió al segundo, al tercero y así
hasta el séptimo. Finalmente murió la mujer misma. En la resurrección, por
lo tanto, ¿de cuál de los siete será la esposa? Porque todos la tuvieron. Concediendo
que la suposición básica fuese correcta, que la vida conyugal sigue en la vida
venidera, dos maridos hubieran sido suficientes para demostrar el planteamiento
de ellos. Pero siete hace que la historia sea más interesante y que la creencia
en la resurrección parezca aún más absurda. Ellos quisieron hacer pensar esto:
cuando resuciten los muertos, esta mujer (una matamaridos, o una mujer con
alguna maldición como se muestra en telenovelas hoy) que ¡habrá tenido siete
maridos!, por cierto, eso no puede ni debe ser, ya que se le debe permitir
tener solamente uno, pero ¿cuál de ellos?.
v.29-33) Jesús respondió y les dijo: Os
estáis engañando a vosotros mismos, porque no conocéis ni “las
Escrituras” (Jn.20:9; Rom.15:4) ni el “poder de Dios” (Jer.32:17; Luc.1:37; Rom.4:17; Heb.11:19). Si hubieran conocido las Escrituras, tendrían que haber
sabido que nada hay en Deu.25:5-6 que haga esto aplicable a la vida venidera,
y también habrían sabido que el Antiguo Testamento en diversos pasajes enseña
la resurrección del cuerpo (v.31,32). Y si hubieran reconocido el poder de Dios,
habrían entendido que Dios puede levantar a los muertos de tal modo que ya no
será necesario el matrimonio como les enseña en el verso 30, aquí se proporciona
la prueba de la declaración de que la premisa básica del argumento planteado
por los saduceos es errónea y que han dejado de contar con el poder de Dios: “Porque
en la resurrección ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los
ángeles en el cielo”. El glorioso cuerpo de resurrección (Jesús nada dice
de la resurrección de los impíos), va a ser inmortal (2°Tim.1:10, 1°Jn.3:2; Luc.20:37-38). Puesto que no habrá muerte, la
raza no tendrá que reproducirse. En consecuencia, el matrimonio será cosa
del pasado. En que no se casan ni se dan en casamiento, los bienaventurados
serán como los ángeles, porque ellos tampoco se casan. Los salvados serán como
los ángeles en este solo respecto; sí, como los ángeles, cuya existencia los
saduceos también niegan (Hch.23:8), y esto a pesar del hecho de que el
Pentateuco, aceptado por ellos, enseña su existencia (Gén.19:1, 15; 28:12;
32:1). ¿No demuestra el v. 30, tomado en forma íntegra y en conexión con lo
que se conoce de las creencias de los saduceos, que estos hombres ni conocen
las Escrituras ni el poder de Dios?. Amén, así son, quienes viven carnalmente,
a la verdad este grupo era un conjunto de hombres que en aquel tiempo vivián
mundanamente. ¿ha escuchado la frase? De esta vida no hay otra, asi que dale no
mas!.
Por esto los versos 31 y 32, complementados
en Lucas 20:37-38, son maravillosos, ya que ellos no habían entendido que ya Moisés
habló de esto, al oír a Dios en la zarza. Ellos estaban usando un solo pasaje
para su doctrina (Deu.25:5-6), pero aplicándolo muy mal. Además vimos que en la
transfiguración aparecen Moisés y Elías (ya estudiamos porqué y que
representaban: la ley y los profetas), dando a conocer que para Él todos viven
y tiene el poder para hacer lo que Dios quiera con los suyos.
Ahora es verdad que los saduceos no
tenían el Nuevo Testamento, que menciona la resurrección repetidas veces, sea
de Jesús mismo o de su pueblo, o aun de todos los muertos, pero como hemos
argumentado, ya Moisés lo había enseñado y la fe de Abraham cuando Dios le pide
su hijo en sacrificio, lo está demostrando. Quizás los más claros del A.T. sean
Sal.16:9-11;Dan. 12:2. Dignos de consideración también son Job 14:14,
19:25-27; Sal. 17:15; 73:24-26; Isa.26:19; Eze.37:1-14 y Ose.6:2, 13:14, que nos deben llevar a lo que nos enseña Pablo en 1°Cor.15:55.
Sin embargo, Jesús se refiere a Exo.3:6
que dice “Yo soy el Dios de Abraham …,” e indica que puesto que Dios no es el
Dios de los muertos sino de los vivos, hay que concluir que Abraham, Isaac y
Jacob todavía viven y están esperando una resurrección gloriosa.
Se han hecho intentos de quitarle el
valor al argumento de Cristo. Por ejemplo, se ha dicho que la expresión “Dios
de Abraham” sencillamente significa que mientras Abraham estaba en la tierra
adoraba a Jehová. Sin embargo, un estudio del contexto en que ocurren Ex. 3:6 y
todos los pasajes similares (Gén.24:12,27,48; 26:24; 28:13; 32:9; 46:1, 3, 4;
48:15, 16; 49:25; etc.) prueba rápidamente que Quien se revela a sí mismo como
“el Dios de Abraham …” es el inmutable y eterno Dios del pacto que bendice,
ama, alienta y protege a su pueblo, y cuyos favores no cesan bruscamente cuando
una persona muere, sino que siguen con esa persona más allá de la muerte (Sal. 16:10)
En esta conexión hay que mencionar
otro hecho. Los hombres con que este inmutable Jehová (Mal. 3:6) estableció un
pacto eterno (Gén.17:7) eran israelitas, no griegos. Según la concepción griega
(y después la romana), el cuerpo es solamente la prisión del alma (Sócrates y Platón),
lo cual no es así. La concepción hebrea, el producto de la revelación especial,
es completamente diferente. Aquí Dios trata con el hombre entero y no solamente
con su alma o simplemente con su cuerpo. Al contrario, cuando Dios bendice a su
hijo lo enriquece con beneficios físicos y espirituales (Deu.28:1-14; Neh.9:21-25;
Sal.104:14, 15; 107; 136 y muchos pasajes similares). Lo ama cuerpo y alma. Va
a enviar a su amado hijo para rescatarlo completamente, Amén. En consecuencia,
el cuerpo participa con el alma del honor de ser “templo del Espíritu Santo” (1°Cor.
6:19-20). El cuerpo es “para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1°Cor.6:13).
Dios ama a toda la persona y la declaración: “Yo soy el Dios de Abraham y el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (nótese la triple aparición de la palabra
Dios, mencionada separadamente en conexión con cada uno de los tres para
enfatizar la relación personal con cada uno) implica ciertamente que sus
cuerpos no serán dejados para los gusanos, sino que un día serán resucitados
gloriosamente. v.33. Y cuando las multitudes lo oyeron, quedaron asombradas de
su enseñanza. La gente quedó llena de temor y maravilla. Sabían que Jesús una
vez más había triunfado magistralmente sobre sus oponentes.
CONCLUSION
Que importante es conocer el poder
de Dios y la Escritura, en la cual se revela la verdad de toda doctrina.
Estos son como los dos remos que nos llevan a la eternidad, para que avancemos
en este río de la vida, donde todos ponen sus pensamientos, interpretaciones y
doctrinas, muchas veces tomando un solo pasaje, una sola interpretación y dando
por ende una mala exégesis. Damos gracias a Dios que en estos tiempos el Espíritu
Santo nos está enseñando y corrigiendo con las palabras del Maestro. No seamos
como estos saduceos que carnalmente preguntaron cosas celestiales. Creamos, escudriñemos
(todo lo que algunos dicen) y tengamos la confianza en que la inversión del
proceso de este cuerpo se realizará en la primera resurrección (Cuando Él
venga), de la cual debemos ser parte. Es nuestra única oportunidad, necesitamos
resucitar para estar con Él por siempre. Allí recién se verá quien es salvo por
esta gracia bendita y quienes no. Gracias Señor Jesucristo, nuestro Mesías Judío
que nos redimió. Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI