Lección: Mateo 20:20-28 Texto: Marcos 16:19
INTRODUCCION
Jesús había estado enfatizando que en su reino la
grandeza se mide por la vara de la humildad (18:1-4), que la salvación
pertenece a los pequeños y a los que han llegado a ser como ellos (19:14), que
la marca de sus verdaderos seguidores es la confianza plena en el Señor,
negándose a sí mismo, dando en lugar de recibir (19:21). Había enseñado que la
característica de los últimos que en el día final van a ser primeros es
trabajar con mucho anhelo para el Maestro sin estar siempre preguntando “¿Qué
voy a recibir?” (19:30; 20:16). Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, habían
oído todo esto. Pero la pregunta que surge es, ¿lo habían recibido en su
corazón? ¿habían entendido todo lo que Jesús había tratado en los capítulos
anteriores? No es una inconsistencia evaluar esto, ya que para nosotros mismos,
que quizás llevamos años escuchando las enseñanzas de la Biblia y muchas veces
queremos o pedimos cosas fuera de lo que ella dice, o quizás alguien lo exige
por nosotros. Pasaje que se encuentra también en Marcos
10:35-45.
DESARROLLO
v.20-24) Lo que dijimos en la
introducción es lo que a uno lo desconcierta, el pensar que esta madre después
de tanta enseñanzas clara, no haya comprendido la humildad, la negación así
mismo, el deseo de ser los menores en el reino, y llevar a sus dos hijos. ¿Quién
era esta “madre de los hijos de Zebedeo”? ¿Por qué no se la llama
sencillamente “la esposa de Zebedeo”? En cuanto a la segunda pregunta, Zebedeo,
definidamente vivo y activo en Mat.4:21 (Mar. 1:20), podría haber muerto.
También es posible que la designación resulte del hecho de ser la petición una
preocupación de la madre por los hijos, no por su marido. Sencillamente no lo
sabemos. Acerca de la primera pregunta, aunque también falta la certeza, al
comparar las referencias de los tres Evangelios (Mat.27:56; Mar.15:40 y Jn.19:25), se
puede decir que es una inferencia razonable la teoría de que ella era Salomé,
la hermana de María la madre de Jesús, y que, por lo tanto, era tía de Jesús,
de modo que Jacobo y Juan eran sus primos. Mar.10:35-41 muestra claramente que la petición que esta madre está por hacer es
definitivamente también la petición de sus hijos. En realidad, Marcos ni
siquiera menciona a la madre, y aun Mateo, aunque nos dice que la petición fue
hecha por la madre, presenta a Jesús dirigiendo su respuesta a los hijos (v.22,23).
Es enteramente injustificado concluir de esto que Mateo contradice a Marcos en
este punto. Madre e hijos estaban
completamente de acuerdo. Juntos vinieron a ver a Jesús. Respetuosamente se
acerca a Jesús hasta que él le pregunta “¿Qué quieres? Y ella le dice : “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu
derecha, y el otro a tu izquierda.” En un primer aspecto la solicitud es evidencia de su
fe, una fe notable, basada en el dicho de Jesús relatado en Mat.19:28, según la cual él
promete que un día se sentará en el trono de su gloria y que cada uno de los
Doce entonces también se sentarían junto a Él. Ella cree que esto es lo que
ocurrirá realmente, convencida de esto a pesar del hecho de que en ese preciso
momento hay muy poco que muestre que los acontecimientos se mueven en esa
dirección, ya que también sabe que van a Jerusalén a un hecho trágico.
Sin embargo, un segundo aspecto es que ella está confundiendo
las realidades terrenales de las celestiales, como si lo que ocurre en la
tierra, cuando los hombres con un tremendo esfuerzo finalmente llegan a la
cúspide o a un lugar o puesto alto, luego miran desde su elevada posición con
desprecio y hacia abajo a los demás, como si aquello también se aplicase al
reino de los cielos. Ella quería que sus hijos, y no Andrés ni Felipe, ni
siquiera Pedro, no, nadie sino sus dos hijos, Jacobo y Juan, ocupasen las dos
posiciones preeminentes. Estaba pasando por alto todo lo que Jesús había dicho
tan claramente en Mat.18:1-4 y Mat.20:1-16. Ella un poco desesperada, pensaba
que debía hacer su petición ahora, sin demora alguna, porque el reino de Dios
con toda su gloria podría establecerse en cualquier momento (Luc.19:10-11). Además, si es
correcta nuestra suposición de que ella era tía de Jesús, esta relación
familiar podría también haberle influido para hacer la solicitud, un poco
confianzudamente. REFLEXION PRACTICA : ¿Alguien puede darle una orden a
Jesús? Ya que hoy escuchamos a tantos darle ordenes a Dios, decretar y declarar…cosas
que sólo Él ya declaró en Su Palabra (Pecado).
Pero aun cuando esto no fuera correcto, por lo menos esta madre sabía
que dentro de los Doce, había un grupo más pequeño (3 de ellos), de los cuales
sus hijos eran parte. Si el reino de Dios se estableciera con todo su esplendor
el próximo mes o quizás aun la próxima semana, y Jesús se entronizara en
majestad, ¿no deberían sus hijos sentarse a su derecha y a su izquierda? ¿No
era esta la manera de obrar de los reyes y otros dignatarios? Exo.17:12; 2°Sam.
16:6; 1° Rey.22:19 (2 Cr. 18:18); Neh.8:4. En ese aspecto no era tan
incongruente, hasta podría haber sido razonable. Aún así , con toda la
enseñanza dad por Jesús debemos decir claramente que todo estos razonamientos
no se podían mezclar, había demasiado pecado, ego mezclado con este pensamiento.
Ella estaba dejando a un lado las Palabras de Jesús acerca de la verdadera
grandeza y también la soberanía de Dios (Mat.20:14b, 15a, 23b). Por eso en el
v.22 la respuesta de Jesús es aún más clara. No sabéis lo que estáis pidiendo.
¿Podéis beber la copa que estoy por beber?, en el original se dirige en plural
a las gentes, a la madre, Juan y Jacobo, quienes estaban involucrados en la petición.
Pero sin entender lo que ello implicaría. Ellos olvidan que una oración
pidiendo gloria es una oración que pide sufrimientos; en otras palabras, que es
solamente el camino de la cruz, es el que conduce a esa meta. Así que él les
pregunta si pueden beber la copa que él está por beber. En el modo de expresión
del Antiguo Testamento y de los que están familiarizados con su literatura,
“beber una copa”, es decir, su contenido, significa pasar en forma completa por
esta o aquella experiencia, sea favorable (Sal. 16:5; 23:5; 116:13; Jer.16:7) o
desfavorable (Sal. 11:6; 75:8; Isa.51:17, 22; Jer.25:15; Lam. 4:21; Eze.23:32;
Hab.2:16). Jesús también habló de la copa de su amargo sufrimiento (Mat. 26:39,
42; Mar. 14:36; Luc.22:42). Y en el Nuevo Testamento también lo dice en Apo.14:10;
16:19; 17:4; 18:6. Entonces, ¿están estos discípulos dispuestos a ser
participantes de sus sufrimientos, es decir, de los sufrimientos por su nombre
y por su causa (2° Cor.1:5;
4:10;
Gál.6:17; Fil.3:10; Col.1:24;
1° Ped.4:13; Apo.12:4, 13, 17)?
Ellos le dijeron: Podemos. Por el lado favorable por lo menos podemos
acreditarles una considerable medida de lealtad a su Maestro. Sin embargo, el
futuro probaría que en este mismo momento tenían demasiada confianza en sí
mismos. En el verso 23 Jesús
les dijo: Mi copa beberéis, pero el sentarse a mi derecha y a mi izquierda
no me corresponde concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi
Padre. Tanto el martirio de Jacobo (Hch.12:2) como el destierro de Juan a la isla
de Patmos (Apo.1:9) fueron predichos en estas palabras.
Estos dos sucesos futuros eran parte del sufrimiento que experimentarían estos
discípulos por la causa de Cristo. Sin embargo, en cuanto a la petición misma,
Jesús señala que los grados y las posiciones de gloria en su reino han sido
determinados en el decreto eterno de Dios. Ahora no pueden ser alterados por el
Mediador. En el v.24 vemos nuevamente la humanidad o no mejor estado espiritual
de los otros 10 discípulos. ¡Cuán fácil es condenar en los demás lo que
excusamos en nosotros mismos! Se necesita un Natán para aclararnos esto (2° Sam.12:1).
Rom. 2:1.
v.25-28) Por lo anterior, y
seguro con pena y a la vez amor en su corazón “los llama a todos”, para nuevamente
pastorearlos y mostrarles como funciona
el mundo. El hombre sin Dios, ocupan todas sus energías con el propósito de
llegar a la cumbre; cuando han llegado a la cúspide, hacen que los demás
sientan el peso de su autoridad. Parece mal castellano traducir el griego como
sigue: “… los gobernadores de los gentiles dominan hacia abajo sobre ellos y
sus grandes ejercen poder hacia abajo sobre ellos”, sin embargo, ese es el
sentido del dicho (cuando dice correctamente que toman dominio
territorial=potestad). Estos gobernadores mundanos, una vez “llegados”, con
frecuencia piensan solamente en sí mismos, y hacen que todos sus súbditos cedan
atemorizados bajo el aplastante peso de su poder. Su gobierno, en otras
palabras, es despótico. Continúa en los versos 26, 27, “no será así entre
vosotros”; más bien, “el que quiera llegar a ser grande entre vosotros sea
vuestro siervo”, y “quienquiera desea ser el primero entre vosotros sea vuestro
humilde servidor”. Esencialmente esta es la enseñanza de Mat.18:1, también
10:39; 16:24, 25; Luc 9:23-24. La forma que se le da es nueva y vivificadora.
Es una paradoja inolvidable. Jesús está diciendo que en el reino sobre el cual
él reina se obtiene la grandeza siguiendo un curso de acción que es exactamente
el opuesto al que sigue el mundo incrédulo. La grandeza consiste en darse a sí
mismo, en entregarse a sí mismo en servicio a los demás, para la gloria de
Dios. Ser grande significa amar. Gloria a Dios para siempre. Él nunca cambia y
ya hemos estudiado que la lógica de Él en sus pensamientos son totalmente contrarias
a las nuestras, que son humanas y terrenales. Toda la Biblia desde al A.T. hasta
el triunfo final en Apocalipsis, es la pirámide invertida, el creyente en la
posición más baja, siendo el siervo, el humilde que sirve a todos los demás, lo
que simboliza la postura del cristiano con sencilla fe en Dios y amor a todos
los hombres, y así sigue su camino hacia las mansiones de la gloria. Siempre la
máxima en todo es Jesucristo, ningún gran hombre de la Biblia o que haya
existido o exista, lo podrá igualar. Por eso termina con el verso más grande
que podamos leer después de esta humana pregunta (otra vez)…”como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos.” (Luc.19:10) Dios mismo
vino para servir (ser el mayordomo de Dios, dispuesto a atender a la humanidad
y su pueblo); y no que le sirvan o atiendan a él, dándole un sillón especial, lugar
de prominencia aquí, o para que lo abaniquen como los hombres en la tierra y
los reyes y gobernantes de imperios. Él es Dios, y la Escritura guarda perfecta armonía
en toda su doctrina con la salvación. No hay conflicto entre el Padre, el Hijo
y el Espíritu Santo. Ellos tres son realmente Uno. El Hijo vino a rescatar (Jn.6:39;
10:11, 15) a quienes el Padre ha escogido “en Él” y solamente a ellos (Efe.4.1:3, 4). Nadie los arrebatará de su mano (Jn 10:28). Estos
mismos, ninguno más, ninguno menos, son guiados y sellados por el Espíritu
Santo (Rom.8:14, 16; Efe. 1:13). Así se mantiene en su integridad la doctrina de la Salvación
en esta perfecta planificación divina de rescate. ¿De quién? De Israel,
de su pueblo, de la iglesia de Dios, de sus ovejas, de todos sus elegidos que estarán
con Él por la eternidad. ¿De qué nos
rescata? De la segunda muerte del alma, de la muerte física, del pecado y
de la imposibilidad de cumplir toda la Ley de Dios, sin la cual nadie estará en
la Eternidad junto a Él.
CONCLUSION
Nuestra humanidad siempre
nos acedia, incluso hoy cuando en las redes sociales hay recuerdos a grandes
hombres de Dios que cumplieron sus tareas en ministerios importantes, pero que
sabían esto. A muchos le levantan pinturas, lienzos y recuerdos históricos que
ya no volverán, que no son para estos tiempos. Es el momento de aplicar lo que
Jesús nos esta enseñando por Mateo y en toda la Escritura, y saber que hemos
sido rescatados por Él, bajó desde el mismo cielo con cuerdas de amor, se
detuve y cayó en el lugar preciso para ser el más grande rescatista que ha
existido, trajo la camilla, el remedio y lo más importante, la misma clínica en
sus hombros. Esto es extraordinario, Él es todo eso al mismo tiempo, lo que
necesitamos para salir de la separación total final de Él, escapar de la
muerte, perdonar nuestros pecados y ser cumplir Su ley en nuestras vidas.
IMPORTANTE : Hoy sólo Jesús
está sentado a la diestra del Padre, el resto espera la resurrección y cuanto
más nosotros el cumplimiento de los tiempos para que se consumen las palabras
de la Escritura. Dios nos ilumine por ella en este Siglo XXI. Como dice un
hermano : A mi lo único que me importa es que cuando Él venga, yo me vaya con
Él, aunque quede en la orilla del cielo, pero salvado. Amén!
APOYO ESTUDIO: IB MITEI