Lección: Mateo 21:1-11 Texto: Salmos 118:26
INTRODUCCION
La tarea que el Padre
le encomendó, comienza su tramo final, su clímax, su culminación. Es
emocionante humanamente hablando haber estudiado estos 20 Capítulos anteriores
y aprender que Jesús, nuestro Mesías, Maestro y Rey, vino sólo a esto y que
ahora esa obra que le dieron que hiciera (Juan 17:4), con la entrada triunfal a
la ciudad de Dios, empieza a terminarse. Dispongamos nuestra mente y corazón
para que nuestro espíritu reciban estos últimos capítulos del evangelio de
Mateo como lo que realmente son : La más grande y perfecta Obra de Dios en
Jesús para la redención del ser humano. Amén. También encontramos este pasaje
en Mar. 11:1-11; Luc. 19:28-38 y Juan 12:12-19. La semana de la pasión, que fue
seguida por la resurrección, comienza aquí. Desde Jericó el grupo se encaminó
hacia Jerusalén, como Mateo también había informado (20:17-18). Por razones
bien fundadas se puede suponer que llegaron a Betania, el hogar de Simón el
leproso, Lázaro, María y Marta, antes de la puesta de sol del viernes, que en
el día de reposo (viernes desde la puesta del sol hasta la puesta del sol del
sábado) Jesús disfrutó del reposo sabático con sus amigos, que en la noche del
sábado se dio una cena en su honor, y que al día siguiente, siendo domingo,
ocurrió la entrada triunfal en Jerusalén.
DESARROLLO
v.1-5) Habiendo partido de Betania, aldea situada poco más de
tres kilómetros al este de Jerusalén y sobre la ladera oriental del Monte de
los Olivos (Jn.11:18), Jesús y sus discípulos se aproximaban a Betfagé (“casa
de higos no maduros”). El Monte de los Olivos es un cerro redondeado que está
al noreste de Jerusalén. En su punto más alto se eleva a más de 800 metros
sobre el nivel del mar, más de ochenta metros por sobre la colina en que se
construyó el templo. El “monte” tiene cuatro cumbres, conocidas (de norte a
sur) como Karem, Ascensión, de los Profetas y (Monte de) la Ofensa. Cuando se
cuentan como una sola la segunda y tercera, hay tres cumbres, y la segunda,
contada en esta forma es la que a veces se llama “Monte de los Olivos propio”.
Jesús les indica a
dos discípulos con instrucciones para que traigan un pollino, sobre el cual
piensa montar para entrar en Jerusalén. Mateo señala que había dos animales, un
pollino y su madre, pero parece más adelante que Jesús usa solamente el
pollino. Los discípulos cumplieron el encargo de Jesús con éxito. No sabemos
cómo fue que Jesús sabía de este burrito y su madre, si fue debido a la unión
de su naturaleza divina con la humana, o sencillamente por medio de una
información recibida en forma natural por parte de los dueños. Una cosa
sabemos: que cuando ordena que los dos discípulos desaten los animales y se los
traigan, está ejerciendo su derecho de requisición de cualquier cosa que sea
necesaria para el cumplimiento de su tarea mediadora, esto es lo importante. Esto
queda claro en el verso 3, donde refuerza la instrucción humanamente hablando. Nótese
especialmente que aquí Jesús está usando el título “Señor” para designarse a sí
mismo (Mat.11:27;28:18). Es claro, por lo tanto, que este epíteto no fue una
invención de la iglesia primitiva después de la ascensión de Jesús. Tampoco fue
algo tomado de una cultura no cristiana. ¡Salió de la boca misma de Jesús!
Nótese también “el” Señor, no simplemente “vuestro” Señor; más bien, el Señor
de todo con el derecho de reclamarlo todo para su uso. Jesús predice que cuando
se haga saber su pedido por boca de los dos hombres, los dueños inmediatamente
dejarán ir los animales. Estos dueños deben haber sido amigos y seguidores del
Señor. (v.4,5) Antes que volvieran los encomendados con la tarea, Mateo declara
la profecía de Zacarías 9:9, lo cual en la
Biblia Textual dice : ¡Alégrate mucho,
capital de Sión! ¡Da voces de júbilo, ciudad de Jerusalem! Mira a tu Rey
llegando, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en una cría de asna.
La hija de Sion es Jerusalén, esto es,
Israel, siendo solamente “el verdadero Israel” el que puede entender la
significación de esta entrada triunfal, y aun entonces no en forma completa
sino hasta algún tiempo después. Jn. 12:16. “Mira, tu Rey viene a ti” es el mensaje gozoso dirigido
a la hija de Sion. Este Rey difiere en respectos muy importantes de otros
reyes:
a. Este es “tu”
Rey, tu propio rey. No es un rey extranjero ni un rey dado a su propio
enriquecimiento a expensas del pueblo, sino uno que ha sido comisionado para
buscar y salvar. El “viene a ti”, esto es, a beneficiarte.
b. En línea con esto
está el hecho de que este Rey es manso, dulce, apacible, lleno de
gracia. (Mat.11:29; 12:19, 20; 20:25–28; Jn.13:14-15, 34, 35; 19:36-37). Esto
también explica por qué monta un burrito que nunca antes había sido montado (Mar.
11:2b), no un fogoso corcel de guerra, ni un brioso potro blanco.
c. Este Rey no es el
cumplimiento de los sueños de los hombres sino de una profecía mesiánica
específica: Zac. 9:9 y también otras relacionadas, como Isaías 6:1-7. Es grande y a la vez humilde, tanto excelso
como sencillo. El es Quien en este acto mismo está cabalgando, hacia su muerte,
y así a la victoria, una victoria no solamente para sí mismo sino también para
su verdadero pueblo, los que creen en él, usted y yo, Amén. Demos Gloria a Su
Nombre.
v.6-11) Así que los discípulos fueron e hicieron
como Jesús les había encargado. Trajeron la burra y el burrito, y pusieron
sobre ellos sus mantos, sobre los cuales él se sentó. Todo sucedió exactamente
como Jesús había predicho. Los discípulos los encontraron en el lugar indicado
por el Maestro y cuando estaban desatándolos del poste los dueños pusieron
objeciones. Sin embargo, la respuesta “El Señor los necesita” (v. 3; Luc.19:31, 34) tuvo como resultado
un consentimiento inmediato y de todo corazón. Los animales fueron llevados a
Jesús. El les soluciona el problema, “¿Sobre cuál de los animales va a
cabalgar?” cuando con la ayuda de los discípulos (Luc. 19:35) se sienta sobre los
mantos que habían puesto sobre el burrito. Entonces comienza a cabalgar. No se
dice qué ocurrió con la burra. Ya en el verso 8, la mayoría de la multitud
tendía sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las
tendían en el camino. En un sentido la gente estaba siguiendo el ejemplo de los
discípulos. Si éstos consideraban propio quitarse los mantos de modo que Jesús
pudiera sentarse en ellos, ¿por qué no podía también la gente echar sus mantos
y tender ramas de árboles al paso del animal de carga? Además, ¿no estaban
honrando a Jesús como Rey? Si se había hecho algo de esta naturaleza por el rey
Jehú (2° Rey.9:13), ¿no debía con
mayor razón hacerse para honrar al Rey Mesías?. IMPORTANTE : Imaginémonos
lo que pensaban los fariseos cuando este informe de lo acontecido llegara a oídos
de los gobernantes romanos. Era imposible que los Judíos tuvieran otro rey que
César.
Entonces las
multitudes que caminaban delante de él y los que (lo) seguían comenzaron a
gritar: Hosanna al Hijo de David; Bendito (es) aquel que viene en el nombre
del Señor; Hosanna en las alturas!.
En cuanto a “Hosanna
al Hijo de David”, debe notarse que “Hosanna” significa “salva ahora”, o
“salva, por favor”. La actitud del pueblo hacia Dios era quizás más o menos la
siguiente: “Te rogamos, Oh Señor, salva ahora, concede victoria y prosperidad
en este tiempo, porque debido a tu bondad ha llegado el momento apropiado”. De
aquí que en este “Hosanna” se combinan dos elementos: súplica y adoración; o si
uno lo prefiere así: oración y alabanza. Es claro que la fuente de 21:9 es el Salmo 118, que de principio a
fin está lleno de oración y alabanza; véanse especialmente los versos 22 al 26a. . Es en esencia un
salmo Hallel, uno de la serie de los salmos 113 al 118 que se cantaban en la
Pascua. Las multitudes eran dos: una que había seguido a Jesús desde Betania; y
una de Jerusalén que, habiendo llegado mayormente desde Galilea y habiendo
salido a encontrar a Jesús, se había volteado y caminaba delante de él. En
relación con Jesús, estas dos multitudes estaban haciendo a Dios el objeto de
su alabanza y oración.
En cuanto a “Bendito
(es) aquel que viene en el nombre del Señor”, esta es una cita de Salmo
118:26. Combinado con “el Hijo de David”, como aquí en Mat. 21:9, debe
referirse a Jesús como el Mesías. Sin embargo, fue deplorable que la mayoría de
esta gente no haya dado un paso más: debieran haber combinado Sal.118 con Isa.
53 y con Zac. 9:9; 13:1. Entonces ellos habrían reconocido en Jesús al Mesías
que salva a su pueblo de sus pecados (Mat. 1:21).
Finalmente, en cuanto
a “Hosanna en las alturas”, esto muestra que el Mesías era considerado
como un don de Dios, Aquel que mora en el cielo más excelso y es digno de las
oraciones y de las alabanzas de todos, incluyendo aun los ángeles. Uno no puede
menos que pensar en el Salmo 148:1-2 y en Luc.
2:14.
En los versos 10 y
11, cuando él entró en Jerusalén toda la ciudad se conmovió, diciendo:
¿Quién es éste? Cuando la gente que se había quedado atrás en Jerusalén tuvo el
primer vistazo de la muchedumbre que se acercaba y oyó los alegres gritos de
Hosanna en honor a la figura central, les suscitó la curiosidad. La emoción y
alboroto era contagiosa, de modo que se extendió hasta que toda la ciudad
estuvo como electrizada, o, como dice el griego, fue sacudida.
La gente preguntaba:
“¿Quién es éste?” Jesús no era un extraño en Jerusalén y su templo (Jn.2:14;
5:14, 28, 59; 18:20). Pero nadie esperaba que él entrase cabalgando en medio de
una multitud que le canta alabanzas. Esto explica la pregunta. Continúa: Las
multitudes respondían: Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.
Cuando los que acompañaban a Jesús dieron repetidas veces esta respuesta, todos
supieron quién era el que entraba en la ciudad; porque, en primer lugar, Jesús
era conocido y con justicia, como “un profeta”. Según el Nuevo Testamento esta
era la designación que se le dio por el pueblo en general (Mar. 6:15; Luc. 7:16; Jn.6:14;7:40); por la mujer
samaritana (Jn.4:19); por Pedro (Hch.3:22,
23, citando Deu.18:15); y por Esteban (Hch.
7:37). Usó este mismo título para referirse a sí mismo (Mt. 13:57; Luc.
13:33; Jn.4:44). Parece no haber dado el efecto deseado la negativa de los
fariseos a honrarlo con este título (Luc.7:39). Ciertamente era y es un profeta, porque reveló y
revela la voluntad de Dios al hombre. Nótese cómo en la presente conexión es
representado tanto como el cumplimiento de la profecía (21:4, 5, 9) y como un sí,
“el” profeta (21:11).
El resto de la
descripción también es adecuada: “Jesús de Nazaret” o “Jesús el nazareno” era
una designación que fue usada por muchos
en la escritura. Solo algunos ejemplos :
usada por Bartimeo (Mar.10:47; Luc.18:37), por una portera (Mar.14:67;
cf. Mt. 26:71), por un ángel (Mar. 16:6), por el apóstol Felipe (Jn.1:47), por
la policía del templo (Jn.18:5-7), por Pilato (Jn.19:19), y aun por el mismo
Cristo exaltado (Hch.22:8). La combinación completa “el profeta Jesús de
Nazaret” se refleja en las palabras usadas por Cleofas y su compañero para
describir a Aquel que pensaban ya haber perdido (Luc.24:19).
Finalmente, “de
Galilea”. ¿Era con orgullo en el tono de su voz que especialmente los que
estaban en la compañía de Cristo y que habían venido desde Galilea para asistir
a la Pascua como peregrinos enfatizaban este hecho, como si dijeran: “él es
nuestro profeta”? ¿No había realizado Jesús la mayoría de sus milagros y pasado
la mayor parte de su vida en Galilea? ¿Relataron estos peregrinos algunas de
las poderosas obras que Jesús había hecho entre ellos, así como los amigos de
Betania “daban testimonio” acerca de la resurrección de Lázaro (Jn.12:17)? Esto
es muy posible. Este “profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”, por lo tanto, era
quien estaban siendo proclamado con mucho entusiasmo, en este su último domingo
en la tierra antes de la crucifixión, como “el Hijo de David, el Bendito, que
viene en el nombre del Señor”, esto es, no solamente por mandato de Dios sino
como la voz de Dios para el pueblo.
CONCLUSION
La vida, sus hechos, actos y cuanto más sus
palabras, ya habían hecho vida en los corazones de algunos(as), y en medio de
dos multitudes, después de haber presenciado muchos milagros portentosos, caravanas de
peregrinos que habían llegado a Jerusalén con anterioridad y que habían oído
que Jesús se dirigía a la ciudad, se precipita por la puerta oriental para
salir a encontrarlo. Con ramas cortadas de las palmeras avanza por el camino
para dar la bienvenida al Mesías. Al reunirse las dos multitudes, el entusiasmo
aumenta. La multitud que lo acompaña incluye a los Doce, una muchedumbre de
Betania, peregrinos de Galilea y Perea, y aun algunos fariseos hostiles. Al
descender por la ladera occidental del Monte de los Olivos, y al acercarse a
Jerusalén, todos (con la excepción de los fariseos hostiles) comienzan a
gritar: “Hosanna al Hijo de David …” Que hermoso el momento vivido, sencillo y
glorioso a la vez, siempre rumbo a Su propósito eterno. Gracias Señor Jesús.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI