Lección: Mateo 21:12-17 Texto: Salmos 27:4
INTRODUCCION
Después
de la entrada gloriosa a Jerusalén el domingo, Jesús pasa la noche en Betania,
detrás del Monte de los olivos. Para luego ir al templo el día Lunes y ahora
veremos lo ocurrido, no necesariamente ese mismo día, pero seguro en alguno de los
siguientes, después de observar nuevamente, recorrer, analizar y orar al Padre,
para pedir dirección en lo que debía hacer. Si nos vamos a lo práctico de los
hechos, el Maestro pudo haber adquirido o buscado una correa de cuero, igual
que lo hizo en Juan 2:15 cuando después de su primer milagro, ya había
realizado la primera limpieza del templo. Todo para corrección de las prácticas
que la gente, que supuestamente venía a adorar a Dios, ejecutaba en el Templo
del Señor. Esto también se encuentra en Mar. 11:15-19; Luc.19:45-48 y para la
primera purificación Jn.2:13-22.
DESARROLLO
v.12-14) Jesús entró en el templo, y expulsó a todos los que estaban comprando y
vendiendo ahí, pudo también haber dado correazos y volcando las mesas de los
cambistas, los asientos de los vendedores de palomas con una actitud deliberada,
las monedas del negocio fueron regadas en el suelo. Jesús entró en el recinto
exterior del santuario de Jerusalén, sección abierta donde no solamente los
judíos podían estar, sino también los gentiles, por eso se llamaba “Atrio de
los Gentiles”. ¡Qué triste espectáculo el Mesías vio ante sus ojos! Lo mismo había
ocurrido al principio de su ministerio, que este atrio, estaba siendo
profanado. Parecía un mercado, usted imagine una feria como la que existen en
muchas ciudades de nuestro país. Los negocios estaban en su apogeo y eran
lucrativos. Algunos hombres vendían bueyes y ovejas. En esta época del año,
estando tan cerca la Pascua y con tantos peregrinos procedentes de todas partes,
repletaban el atrio, había muchos compradores. Pagaban elevados precios por
estos animales de sacrificio. Es verdad que un adorador podía traer un animal
de su propia elección. Pero si lo hacía corría el riesgo de no ser aceptado.
Los mercaderes del templo habían pagado generosamente por obtener la concesión
de su lugar (o puesto de venta), la que habían comprado de los sacerdotes.
Parte de este dinero llegaba finalmente a las arcas del astuto y rico Anás y
del habilidoso Caifás. Así que es comprensible que los comerciantes y la casta
sacerdotal fueran socios en este negocio. Al entrar, Jesús nota la actividad agitada
de todos los compradores y vendedores, además del ruido, la inmundicia y el mal
olor producidos por todos los animales. ¿Podía esto, en algún sentido,
cualquiera que fuera, ser llamado adoración?
También se destacaban los cambistas,
sentados de piernas cruzadas detrás de sus mesitas cubiertas de monedas. En el
área del templo no se aceptaba dinero extranjero para el pago. Además, el
impuesto del templo de medio siclo (Exo.30:13; Mat.17:24-27) debía ser
pagado con moneda judía. Y el dinero era necesario para cumplir los diversos
ritos de la purificación (Hch.21:24). Así los cambistas cambiaban dinero
extranjero, que lo traían especialmente los que venían de otras tierras, por
dinero judío, cobrando una pequeña tarifa por el favor. Este negocio también
era fructífero. Ofrecía abundantes oportunidades para aprovecharse de los
incautos peregrinos.
Allí mismo estaban los vendedores de
palomas y tórtolas, probablemente parados cerca de esos asientos o “bancas” en
los cuales estaban apiladas las canastas llenas de palomas. No todos podían
comprar siquiera un cordero. Así que, en relación con la purificación, se
podían ofrecer en su reemplazo “dos tórtolas o dos palominos” (Lev.12:6, 8; Luc.2:24). Sin embargo, ahora las condiciones se habían
deteriorado a tal punto que aun a los pobres se les hacían fuertes recargos.
Imagínese tener que pagar cien mil pesos por un par de palomas que no valían
mucho más de unos cinco mil.
No es difícil imaginar la justa
indignación que debe haber brillado en los ojos de Jesús cuando expulsó a todos,
vendedores y compradores por igual, que estaban comprometidos en este comercio
atroz, volcando las mesas de los cambistas y los asientos de quienes vendían esas
palomas. No sabemos si en esta ocasión, como en la primera purificación del
templo, se hizo con azote de cuerdas con los que los hizo huir de ahí, pero es posible. Una cosa es
cierta: Jesús se reveló como sí era en verdad, el Señor del templo (Mat. 12:6). Esto es claro por las palabras que
habló en el verso 13. Donde les dijo, “Escrito
está: Mi casa será llamada casa de oración; pero vosotros la estáis
haciendo cueva de ladrones.” Leamos Isaías 56:7b , “Mi casa será llamada casa de oración para todos los
pueblos”. La frase final “para todos los pueblos” sólo se repite en Marcos
11:17, como “para todas las naciones”. El
templo tenía el propósito de ser el lugar de encuentro de Dios con su pueblo,
un santuario para una tranquila meditación y comunión, de quieta devoción
espiritual en relación con el sacrificio (1° Rey.8:29-30, 33 Salomón
dedica el Templo; Sal.27:4; 65:4; 1° Sam.1:9-18 Clamor de Ana en el
Templo).
Esta situación también trajo a su memoria
la condición de Jeremias 7:11, por eso su consistente reprensión.
Tal como Jeremías, cuando los judíos estaban oprimiendo a los extranjeros,
robaban y asesinaban, etc. Sin embargo, seguían ofreciendo los sacrificios en
el templo, como si tal culto puramente formalista a Jehová sirviera para algo,
como si la sola presencia del templo los protegiera del derramamiento de la ira
de Dios. Entonces Jeremías dijo: “No fiéis en palabras de mentira, diciendo:
‘Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este …” “¿Es cueva
de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi
nombre?” En los días de Cristo en la tierra la historia se estaba repitiendo:
el templo nuevamente estaba convertido en “cueva de ladrones”, quizás
una alusión a las cavernas de las montañas de Judea, donde con frecuencia se
reunían ladrones y salteadores.
En el verso 14
vemos que mientras unos eran expulsados del templo, otros llegaban allí y
acercándose a Jesús cojos y ciegos, su actitud no cambia, los sanó a todos. Pese
a lo que estaba corrigiendo manifestó su poder sanador y su maravillosa
compasión hacia los necesitados. Ninguno de los que acudieron a él se fue
decepcionado. Gracias Señor Jesús, mientras corriges a unos, puedes estar restaurando
a otros. Amén.
v.15-17) Pero cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las cosas
maravillosas que él hacía, y a los niños (que estaban) dando gritos en el
templo: Hosanna al Hijo de David, se indignaron y le dijeron: ¿Oyes lo que
éstos están diciendo? Por fin los principales sacerdotes y los escribas juntan
suficiente valor para hacer algo en cuanto a Jesús.
Lo que los exasperó en este momento en
particular fue la combinación de hechos, primero la purificación del templo,
luego los milagros realizados a ciegos y cojos y le sumaron el clamor de los
niños que repetían el desborde de gozo que sus padres habían tenido el día
anterior: “Hosanna al Hijo de David”. ¿No era esto blasfemia? ¡Y allí en el
mismísimo templo! Lo que no reconocieron era que ellos mismos, los enemigos de
Jesús, eran culpables de blasfemia por la profanación , ya que lo habían
permitido y, hasta cierto punto, fomentado, además de los propósitos homicidas
de sus corazones. ¡Pero hay que silenciar a estos niños! ¡Lo que están haciendo
es terrible, y aún más reprensible es el hecho de que Jesús les permita seguir!
Parece que él lo aprueba, esos eran sus razonamientos. Motivados por la envidia,
ellos preguntaron: “¿Oyes lo que éstos están diciendo?”. No debiera haberles
sorprendido lo que los niños hacían, ya que eran amigos de Jesús, y estaban
imitando a lo que sus padres habían gritado en la entrada a Jerusalén, incluso más
puros de espíritu que todos los mayores. Por esto Jesús les responde en el verso 16b. afirmándoles que lo que
están oyendo de los niños tiene su aprobación, ya que los lleva a Salmos 8:2 que
en la Biblia Textual dice : “De la boca de los niños y de los
que maman, estableciste la alabanza frente a tus adversarios, Para hacer callar
al enemigo y al vengativo.” Gloria a Dios, que la Escritura se cumple como
siempre lo hace y hará.
Les dice a los principales sacerdotes
y a los escribas que los niños hablan la verdad; mejor aún, que Dios toma hasta
el incoherente balbuceo de los pequeños y de los que maman como material para
preparar alabanza para sí mismo. La implicación es: Dios está usando también
para su propia gloria los gritos de los niños que ahora están diciendo: “Hosanna
al Hijo de David”. Si estaban escuchando cuidadosamente los que oyeron a
Jesús dar esta respuesta, tendrían que haber comprendido que de una manera
velada estaba afirmando lo que va a declarar abiertamente más adelante en Mateo 26:63-64.
Termina esta
lección con algo simple, que como lo había hecho la noche anterior, ahora
también Jesús regresa a Betania. La traducción “pasó la noche” es
suficientemente amplia como para incluir dos posibilidades. Una, que pasó la
noche con sus amigos disfrutando de la hospitalidad de su casa (Mat.26:6-13; Luc.10:38-42;
Jn.11:3; 12:1-8) o que pasó la noche al aire libre en la aldea o
cerca de ella (Luc.22:39) . Esto nos lleva pensar en un Jesús simple, sencillo,
amoroso, práctico y que disfrutaba también de la vida pese a la misión que le
tocaba hacer.
CONCLUSION
Esta era la segunda vez que Jesús purifica el
templo, pero ahora al ir concluyendo su ministerio, paralelo idéntico que la
primera vez, cuando lo comenzaba (Jn.2:13-22). No siendo algo igual, pero podríamos
compararlo con lo que Martín Lutero hace en 1517 al darse cuenta del mercantilismo
de la iglesia católica al vender las indulgencias, que profanaban la religión “cristiana”.
De ahí sale la Reforma y la “Justificación por la Fe” que fue el gran fruto de esto.
Esta conclusión es especial también hoy, ya que nos
indica que Jesús : 1) castigó la degradación de la religión e insistió en la reverencia y
consagración del Templo (Casa de Oración y de Su Padre), 2) Reprobó el
fraude, las estafas e intereses sólo materiales de los responsables, exigiendo
honradez, 3) Miró con desaprobación la indiferencia hacia los que
querían adorar a Dios en espíritu y en verdad, declarando que el templo debe
ser casa de oración para todas las naciones (Mar. 11:17), abriendo aquí su
respaldo a la maravillosa causa de las misiones cristianas futuras o construcción
de templos en todas las naciones, para el mismo fin. 4) Por medio de
todo esto glorificó a su Padre celestial. ¿No era el templo la casa de su
Padre? Usted me dirá, pero ahora
nosotros somos el Templo (del Espíritu Santo), eso es así, pero no excluye la
Casa de Dios como templo material donde nos reunimos como congregación. (Una cosa
es el templo físico y otra es la Iglesia=Templo del Espíritu
Santo, que es usted mismo). En otra ocasión
podremos abordar el tema si Jesús mandó a la iglesia a construir templos o no, y que los dos templos Judíos
fueron destruidos. Ese es otro tema.
REFLEXION PRACTICA : ¿Qué estamos haciendo o permitiendo
hoy en la Casa del Señor, que haría Jesús si entrara a nuestro templo físico? Sea
esta una lección gloriosa para los templos de IBEP y no nos apartemos del
objetivo principal de cada Casa de Dios
consagrada para Él, por simple o sencilla que sea. Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI