Lección: Mateo 21:18-22 Texto: Juan 15:2
INTRODUCCION
Las indicaciones de tiempo escritas en
Mateo no son muy definidas, principalmente porque su objetivo como evangelista
es temático, como veremos en este caso. En la clase anterior decíamos
que Jesús entró a Jerusalén el Domingo, luego el Lunes (pudo, lo cual según el
orden cronológico de Marcos, esto fue así, pero en dos partes) realizó la purificación del templo, para hoy, en
el día Martes describir y confirmar la caída de un Israel estéril, mediante la maldición
de una higuera. Diremos que lo temático y cronológico (Mateo y Marcos), no se contradicen,
al contrario, nos ayudan a esclarecer mucho más los evangelios. (Vea Marcos
11:11-14, también 15-19 y del 20-24, donde queda claro que para Marcos este episodio
ocurre en dos etapas entre la purificación).
DESARROLLO
v.18-19) Según Marcos 1:35, vemos que Jesús podría
haber salido muy de madrugada y volviendo a la ciudad por la mañana tuvo
hambre. Esto nos lleva al primer punto para reforzar que el Maestro tomó forma
humana integralmente, como el segundo Adán y en esa condición necesitaba alimentarse
físicamente (Mat.4:2,
12:21; Luc.4:2; Heb.4:15), igual que nosotros. Por lo anterior, se acerca a una higuera para ver
si tenía algún fruto y saciar su hambre, pero no encontró ninguno. La higuera
es el primer árbol frutal cuya presencia se implica claramente en las
Escrituras (Gén.3:6-7). No era solamente un frutal sino
también un árbol para dar sombra (1° Rey. 4:25). Es característico de Palestina
(Deu.8:8; Núm.13:23), y aún hoy en día se encuentra no solamente en la mayor
parte de las tierras del Mediterráneo, donde su fruto se llama “el alimento del
pobre”, sino en una zona que se extiende también hasta el norte de la India. En
la región a que se refiere Mateo, el higo temprano o más pequeño, que surge de
los brotes del año anterior, empieza a aparecer a fines de marzo y madura en
mayo o junio. La breva o el higo tardío y de mayor tamaño que surge de los
brotes nuevos o primaverales se recogen entre agosto y octubre. Es importante
notar que los higos tempranos, que son los que tienen que ver con la historia
aquí, comienzan a aparecer simultáneamente con las hojas. A veces hasta
preceden a las hojas. Vemos que esto es interesante ya que la higuera
produce dos frutos en el año (Algo podría significar para nosotros). La
Pascua (más o menos en abril) estaba cerca. En consecuencia, aún no había
llegado el tiempo en que los higos tempranos o las brevas maduran. Por lo
tanto, “no era tiempo de higos” (Mar.11:13). Pero Jesús, teniendo hambre, desde
cierta distancia (Mar. 11:13) observó que este árbol en particular, creciendo junto
al camino, era algo especial; tenía hojas, probablemente el follaje completo, y
por lo tanto podría esperarse que tuviera algún fruto. Por esto Jesús se acercó
a la higuera. Más, sólo encontró hojas, por eso en el verso 19b. “El le dijo:
¡Que nunca jamás haya fruto de ti!”. Y la higuera al instante, en ese momento mismo
se secó, como señala el original, el árbol comenzó a perder su lustre, habiendo
empezado en las raíces el proceso de marchitamiento (Mar. 11:20).
Es imposible creer que la maldición
que el Señor pronunció contra este árbol fuera un acto de castigo y como si el
árbol como tal fuera responsable de no producir fruto, como si por esta razón
Jesús estuviera airado con él. La verdadera explicación es mucho más profunda.
El árbol pretencioso pero estéril era un emblema adecuado de Israel, con todo
lo que hemos visto, observado y veremos más delante de la condición del pueblo
a quien Él venía a salvar. Veamos Lucas 13:6-9 y podemos leer en casa Isaías Capitulo
5. Ya con la reciente limpieza del templo el día Lunes, ahora el Martes vemos
este acto profético cimentado sobre la realidad espiritual sin fruto en su
sistema religioso. Muchas hojas, pero ningún fruto. Sólo una actividad enfermiza
y religiosa, pero sin sinceridad ni verdad. En la maldición de la higuera y en
la purificación del templo Jesús realizó dos actos simbólicos con un solo
significado. Estaba prediciendo la caída del Israel estéril. No que
hubiera “acabado con los judíos”, sino que en lugar de Israel se iba a
establecer un reino internacional y eterno, una nación que no sólo produjese
hojas sino también fruto y que fuera reunido tanto de judíos como gentiles (Rom.1:16; Mat.21:43). Su negativa en creer, su hipocresía
y la degradación de sus actos son la base para esta resolución divina.
v.20-22) Y cuando los discípulos lo vieron, se
maravillaron y dijeron: ¿Cómo se secó la higuera en el acto? El día siguiente (Martes)
los discípulos se dieron cuenta que la higuera se había secado completamente en
un lapso muy breve, solamente veinticuatro horas. Ellos, especialmente Pedro (Mar.11:21),
dieron expresión a su asombro.
En los versos siguientes 21-22, Jesús les respondió y les
dijo: Os digo en verdad: Si tenéis fe y no dudáis, no solamente haréis lo que
se le hizo a la higuera, sino que aun si decís a esta montaña: Quítate y échate
en el mar, será hecho. Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.
“Esta montaña” es el Monte de los Olivos; “el mar” es el
Mar Muerto. Tomado literalmente, el echar esta montaña en el mar significaría
una zambullida de unos 1.200 m. en total. Ahora bien, no tendría sentido
tratar, por concentración de la fe, de echar el Monte de los Olivos en el mar.
Esta dramática figura, a la luz del contexto, que habla de fe y oración, debe
significar por lo tanto, que ninguna tarea que esté en armonía con la voluntad
de Dios es imposible de realizar por parte de aquellos que no dudan (Rom.4:19-20; 1°Cor.13:2; Stg.1:6) . No volveremos a estudiar el concepto de fe ya
profundizado en capítulos anteriores.
No debiéramos tratar de ningún modo de disminuir la
fuerza de este dicho y sustraer de su sentido. En la esfera de lo físico y de
lo espiritual los apóstoles habían estado ya haciendo cosas que podrían
considerarse tan “imposibles” como hacer que una montaña sea quitada y echada
en el mar. ¿No había caminado Pedro sobre las aguas “por fe”? Mat. 14:29. ¿No
habían exclamado los Doce: “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu
nombre”? (Luc.10:17). ¿No iba Jesús a dar, pocos días después, la promesa: “Os
aseguro: El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun
obras mayores hará, porque yo voy al Padre” (Jn.
14:12)? (Hch.2:41; 3:6-9,
16; 5:12-16; 9:36-43; 19:11-12). De hecho, ¿no demuestra todo el libro de Los Hechos
que lo que Jesús dijo aquí es la verdad? Por lo demás, puesto que el v. 21 se
parece mucho a 17:20 que ya estudiamos.
CONCLUSION
Si analizamos la respuesta final de Jesús, por lo
cual seca la higuera, podemos observar no sólo la realidad espiritual desde ese
entonces de Israel, sino su estado actual, que su corazón se endureció por su
nula fe en el Mesías. La fe es la base del problema del hombre, de la iglesia hoy
también. No sirve sólo tener hojas (apariencias, actividades, mostrar cosas
modernas y lindas a los ojos, etc), sino debemos tener fruto, cuando Él
regrese. Como nos enseñó el apóstol a los gentiles, a nosotros también se nos
exige lo mismo (Gál.5:22). Lo contrario de ello implica recibir lo mismo que
Israel, ya que la Palabra aplica para todos, ya que somos un solo Pueblo y no
dos Israel.
Esta conclusión fácilmente, en forma extraordinaria
puede terminar con estos versos : Isa.5:4-5;
Luc.3:9; Jn.15:6; Tito 1:16. Judas 1:12.
Dios
vendrá a buscar el fruto (carácter cristiano verdadero) de su higuera y no hojas
(dones espirituales y demás). Que Él nos llene de Su Espíritu para una madurez
que produzca el fruto necesario. Amén y amén!!!
APOYO ESTUDIO: IB MITEI