LA GRAN TRIBULACION

LA GRAN TRIBULACION

Lección: Mateo 24:15-28 Texto: Malaquías 3:2

INTRODUCCION

El orden secuencial de los “entonces” dados por Jesús en este último gran discurso, nos lleva a este estudio. En 21 siglos de historia desde que el Mesías llega en su primer advenimiento, profetizado certeramente en todo el Antiguo Testamento, comenzando en Gén.3:15, nos da la base para decir que las profecías se cumplieron, se ejecutarán, tal cual Dios las vio desde el principio. Las decisiones de sus criaturas son y seguirán siendo las responsables del resultado, de las consecuencias, aquí en la tierra mientras peregrinamos y nos proyectan a los hechos que vienen, incluyendo nuestra eternidad, con Él o no. Dios sólo desea salvarnos, Amén!. Terminado el verso anterior, podemos confirmar que lo escrito en Hch.1:8 se ha estado cumpliendo, ya que el evangelio que comienza en Jerusalén ha llegado por medio de hombres fieles a través de los tiempos, hasta lo último de la tierra. Sin embargo, la obra no ha sido completada. Aun en el día de hoy difícilmente podría decirse que el corazón de Africa, de Asia y de América Latina ha sido completamente penetrado. Pero no puede negarse que la profecía del Señor se está acercando a su cumplimiento. Considérese este hecho importante: hace setenta años, la Biblia había sido traducida (entera o en parte) a solamente trescientos idiomas; en la actualidad a unos 1400 idiomas y dialectos. Y la obra aún continúa, más vigorosa, en realidad, que nunca antes, porque muchos factores se combinan para llevarla a cabo, incluso en estos tiempos en que todos tienen acceso a través de los medios tecnológicos (en nuestros celulares). Sin embargo, no se debe suponer que el mundo se va a mejorar más y más hasta el momento mismo de la venida de Cristo. Si la predicación del evangelio a todas las naciones se puede llamar la primera señal preliminar de la segunda venida de Cristo, ahora se va a indicar la segunda señal preliminar. Abarcará un período mucho más breve. En esta conexión también hay que enfatizar que con toda probabilidad el final de la era del evangelio y el principio de la gran tribulación se traslapan, se unen, se concatenan. Como se ha mostrado, al describir el breve período de la gran tribulación al final de la historia que termina con el juicio final, Jesús está pintándolo con colores tomados de la destrucción de Jerusalén por los romanos. Hay que recordar esto cuando ahora estudiamos:

DESARROLLO

v.15-20) En el original dice “Cuando Entonces veáis la abominación de la desolación dicha por Daniel el profeta puesta en (el) lugar santo” donde abominación es (Gr.) Bdélugma de bdelúso de a (presunto) derivado de βδέω bdéo  (apestar, heder); estar disgustado, i.e. (por implicación) detestar (especialmente de idolatría); una cosa detestable, i.e. (específicamente) idolatría:- abominación. Es decir, Podemos escribir sacrilegio desolador”, de que habló el profeta Daniel, que está en el lugar santo (que el lector entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes…”. Jesús había dicho: “He aquí vuestra casa es dejada como un lugar desierto … De cierto os digo (= Os digo solemnemente), que aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mat.23:38;24:2) y como vimos los discípulos reaccionaron con la pregunta: “Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y qué señal (habrá) de tu venida y del fin del mundo?” [3 eventos diferentes] (v.24:3). En cuanto a la implicación errónea de esa pregunta, como si la caída de Jerusalén y del templo fuera a ser seguida inmediatamente por el fin de la era, Jesús lo ha rectificado, que antes habrá principio de dolores, les ha mostrado que muchas perturbaciones sucederán y que habrá un extenso período de proclamación del evangelio antes que llegue el día de su venida. En cuanto a la primera parte de la pregunta, considerada sola: “¿Cuándo será esto, la destrucción del templo y Jerusalén?” Jesús la contesta ahora, pero de tal modo que la respuesta sirve para más de un acontecimiento en la historia. Para empezar, fue adecuada para los días a los que se refirió Daniel; (Leamos Dan.11:31; 12:11).En conformidad con la predicción del profeta, Antioco Epífanes (175-164 a.C.), inconsciente de estar cumpliendo una profecía, erigió un altar pagano sobre el altar del holocausto, contaminando así la casa de Dios. Esto había ocurrido hacía mucho tiempo. Sin embargo, Jesús dice: “Ahora, cuando vean eso mismo, el “sacrilegio desolador”, demostrando a sus discípulos que el oráculo divino puede aplicarse a más de una situación histórica: el sacrilegio que trae como resultado la destrucción de la ciudad y del templo ocurre más de una vez en la historia. ¡Que la persona que lea la profecía de Daniel entienda esto! Así como en el pasado los lugares santos del Señor habían sido profanados, así ocurrirá otra vez. Y ocurrió, en verdad en ese tiempo (unos pocos años más adelante), cuando los ejércitos romanos, con la imagen del emperador, adorada por ellos, pusieron sitio a la ciudad de Jerusalén (Luc.21:20). Pero, así como el altar pagano y el cerco ofrecido en el mismísimo templo de Jehová en el II siglo a.C. señalaban hacia las legiones idolátricas de Roma, así por su parte estas también prefiguraban la gran violación final hecha por el anticristo de todo lo que es sagrado, hasta nuestros días.

[ Es por esta razón que, en los versos 29 al 31, más adelante, Jesús dirá: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz … y entonces la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo … y entonces verán al Hijo del hombre que viene en las nubes del cielo, con poder y gran gloria”, separando claramente los eventos.]

Volviendo a la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), como segunda aplicación profética relacionada a la pregunta, es decir, cuando lleguen los ejércitos romanos y profanen “el lugar santo”, el suelo que con la “ciudad santa” y “templo santo”, que había sido históricamente consagrado al Señor, Jesús advierte a sus seguidores, que cuando esto ocurra, los que estén en Judea deben huir a los montes. Sabemos que los judíos en general se precipitaron para entrar en Jerusalén (no salir), lo que dio como resultado un horrible baño de sangre, donde historiadores judíos registran millares de muertos.

Pero ¿qué le sucedió a los cristianos? ¿Hicieron caso de la exhortación de Cristo de huir a los montes? Según muchos expositores, sí, y finalmente se refugiaron en Pella de Perea. Para dar crédito a esta opinión, estos expositores apelan a la declaración de Eusebio: “Por otra parte, la gente de la iglesia de Jerusalén recibió la orden por medio de un oráculo divino dado por revelación antes de la guerra a quienes en la ciudad eran dignos de ello, que se fueran de Jerusalén y habitasen en una de las ciudades de Perea que ellos llamaron Pella” (Historia eclesiástica, III.v.3). Según Epifanio, la huida de la ciudad y el paso a Pella comenzó apenas antes que los romanos sitiaran Jerusalén (Ag. Her. XXIX.7). Aun cuando otros no adhieren a este argumento por varios motivos, sólo lo dejamos en antecedente. Ya que seguro algunos hicieron caso a esta advertencia de Jesús, y huyeron con esta advertencia de amor. Además, los versos 17 y 18 nos enseñan que el hombre que está sobre el techo plano, de donde puede bajar a través de una escalera exterior para huir tan rápidamente como le sea posible a los montes no debe, después de descender, entrar en la casa para rescatar alguno de sus bienes, como el trabajador, que está vestido con solamente su túnica (manto, capa) y está en sus labores en el campo, no debe regresar a la casa, sino que inmediatamente debe dirigirse a los montes. En cualquiera de los casos la tardanza podría significar el ser capturado, ser devuelto, o quizás aun muerto (Luc.21:21). Luego en los versos 19 al 20, el corazón compasivo de nuestro salvador es afectado profundamente por dos consideraciones adicionales, primero la situación difícil de las mujeres (miradas en aquel tiempo como seres inferiores y más encima embarazadas o con bebés), y las dificultades para viajar en invierno (lluvia, frío y posible nevazón) y en los días de reposo (Para los de aquel tiempo, ya que eran judíos y aún los rabinos autorizaban una huida si la vida estaba en peligro, incluso en ese día). Así que el mismo Señor, exhorta a sus discípulos que oren para no tener que huir en el invierno ni en un día de reposo, rompiendo con esto toda otra instrucción religiosa impuesta que lo impidiera. Que grande el cuidado de Jesús por todos los suyos, y ahora en especial por las mujeres (Embarazadas, jóvenes y también las viudas).

v.21-28) Para Jesús la transición de la segunda a la tercera aplicación de la predicción de Daniel fue tan fácil como la de la primera (la tribulación experimentada por el pueblo de Dios durante el reinado de Antioco Epífanes) a la segunda (la angustia en relación con la caída de Jerusalén), por eso en los versos 21 y 22, avanza otro “entonces” (tóte) donde se nos habla de la “gran tribulación”. Pero ¿a cuál se refiere Jesús aquí?, hay que tener cuidado, ya que en Apo.7:14 también habla de una “gran tribulación”. ¿Son estas dos la misma? La respuesta es: NO. Como indica el contexto en Apo.7, la palabra que aquí se usa tiene un sentido mucho más general. Debido a su fe todo genuino hijo de Dios experimenta tribulación durante su vida en la tierra. Veamos Jn.16:33; Rom.8:18 y 28; 2°Cor. 4:17; 2°Tim.3:12. Pero aquí Jesús está hablando acerca de una tribulación que caracterizará a “aquellos días”, una tribulación tal que nunca ha sido ni jamás habrá semejante, un período muy breve de horrible angustia que ocurrirá inmediatamente antes de su venida (v.29-31). Es el período mencionado también en Apo.11:7-9; 20:3b, 7-9a. Por amor de los escogidos de Dios “en” Él (Efe.1:4) a fin de que no todos tengan una muerte violenta, los días de esta tribulación final serán acortados (El original dice : “Y si no hubieran sido reducido los días” = período corto) . Aquí también se hace manifiesto el amor de Dios. Casi no es necesario agregar que no se hace justicia al concepto de esta tribulación, que (será previa) precede inmediatamente “al fin” de la historia del mundo y que sobrepasa a toda otra aflicción en intensidad, si se refiere solamente a los pesares experimentados durante la caída de Jerusalén.

En los versos 23 y 24 se vuelve a recalcar que el engaño aumentará de nivel, no sólo en dar fechas, sino ahora se adjudicarán ser “Cristo” mismo. En relación con la caída de Jerusalén y ciertamente también en relación con el fin del mundo habrá quienes pretendan que Cristo ya ha venido y llegarán al punto de señalar el lugar donde está en la tierra. Jesús advierte a sus discípulos para que no crean a estos engañadores. Algunos de ellos (los falsos cristos) pretenden ser Cristo; los demás (falsos profetas) dicen que esta o aquella persona es el Cristo. Por medio de un poderoso despliegue de señales, hechos sobrenaturales que señalan al que da el poder a quienes los realizan, “maravillas” o “prodigios”, los mismos hechos asombrosos considerados ahora por su carácter inusitado y por su efecto sobre los espectadores, estos engañadores tratarán de desviar, si fuera posible, aun a los elegidos. La implicación es que tener éxito engañando a los elegidos de Dios, de modo que hasta el día de su muerte parezcan estrellas errantes, es imposible, por lo que dice Fil.1:6, ya que sabemos que aún estamos en proceso. La consoladora frase que viene con amor nuevamente dice en el verso 25 “Ya os lo he dicho antes” o como dice el original “Mirad, os lo he dicho con anticipación” literalmente: “mirad, os predije” nos recuerda dichos similares en Jn.13:19; 14:29; 16:4. Habiendo recibido la advertencia con anticipación, los discípulos (hoy también nosotros) no se sentirán perturbados cuando se cumpla la predicción. De hecho, se verá confirmada su fe en Jesús.

Los últimos 3 versos de esta lección, nos llevan a claras señales, antes de su venida. Quizás algunos de los oyentes, mientras Jesús habla, estaba pensando en Juan el Bautista en el desierto, por eso dice en el verso 26, que si alguien les dice que está en el desierto, “no salgan”, o en algún lugar de adoración o reunión, “tampoco asistan”. Que claro es Jesús, en sus advertencias, para que no sean engañados los suyos, como si el Cristo fuera solamente para unos pocos iniciados, jefe de una fraternidad privada, que no se revela a nadie más. En realidad, la verdad es todo lo contrario. En aquel día no será necesario salir en busca del Cristo, como si fuera a ser encontrado en algún árido desierto o en algún rincón oscuro. v.27) ya que “su venida” será como un relámpago (Destello visible del rayo que viaja a la velocidad de la luz , unos  300.000 km/s). En la clase anterior definimos la palabra “venida” del griego “parousía”, la cual, a veces se usa en el sentido no técnico de a) presencia; 1° Cor.16:17; 2°Cor.10:10; Fil.1:26; 2:12, o de b) venida, advenimiento, o llegada (2°Cor. 7:6, 7; 2° Tes.2:9). En otros pasajes como el que ahora estamos estudiando, versos 37,39; 1°Cor.15:23; 1° Tes.2:19;3:13;4:15;5:23;2° Tes.2:1,8; Stg.5:7, 8; 2° Ped.1:16; 3:4,12; y 1° Jn.2:2, la palabra se refiere a la segunda venida del Señor, su venida con el fin de bendecir a su pueblo con su presencia. Este significado podría considerarse como una modificación del sentido: “llegada” o “visita” del rey o emperador. Entonces, el sentido de la comparación es éste, que así como el relámpago tiene un resplandor tan brillante que se ve claramente de uno a otro extremo del cielo, así la venida de Cristo ocurrirá de tal modo que “todo ojo le verá” (Apo. 1:7). En cuanto al tiempo de su venida, y una de sus razones, se advierten en el v.28. Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. (Job 39:30b; Luc.17:37 =Los buitres se precipitan sobre un cadáver). Cuando moral y espiritualmente el mundo ha degenerado a un punto tal que es similar a la carroña, en otras palabras, cuando el Señor juzga que se ha colmado la copa de la iniquidad de este mundo (Gén.15:16; Apo.14:18), entonces, y no antes, vendrá Cristo para condenar ese mundo. Entonces su venida es una necesidad divina. La “tribulación” final a que los malvados sujetarán a los hijos de Dios es la que hará que el mundo madure para el juicio. Por eso es que inmediatamente después de la más grave de todas las pruebas vendrá el Hijo del hombre. Amén!

CONCLUSION

Sin pretender entrar en otras discusiones o diferencias escatológicas (ya existentes y asumidas por nuestras iglesias chilenas, basadas sólo en el dispensacionalismo y una evaluación futurista de la contra reforma del Siglo XVI), vamos a seguir escuchando a Jesús responder a sus discípulos, pero separando los eventos. Sólo concluiremos que no debemos ser engañados, que podemos pasar grandes tribulaciones en este tiempo y que lo cíclico de la Escritura, tiene sentido con los hechos que estamos viviendo. Lo que si sabemos que nuestro Mesías volverá para trasladar a los suyos (Su pueblo, un solo Israel) al cielo, generada la paciencia para esto, sin apostatar de nuestra fe. Amen!. Hch.14:22; Rom.5:3; 1°Tes.1:4. La redención final está cerca.

APOYO ESTUDIO: IB MITEI

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