EL JUICIO FINAL

EL JUICIO FINAL

Lección: Mateo 25:35-46 Texto: Daniel 12:2

INTRODUCCION

El verso uno de este capítulo nos muestra su gloriosa venida y donde se sentará el Mesías para juzgar a todas las naciones. La Justicia de Dios (=Evangelio revelado) aplicada en base a lo expuesto en toda la Escritura a través de los siglos, mostrará la mirada que siempre tiene Dios hacia aquel que es humilde de espíritu y que tiembla a Su Palabra (Isa.66:2). Ahora veremos quienes estarán a su derecha y las razones del porqué. Aquí no habrá injusticia alguna, porque como hemos estudiado a través de estos años con Mateo Su amor  tiene su base (no medio)  en Su perfecta Ley. La fe y las obras son los dos polos de un salvado, entendiendo con claridad que implica cada una de ellas.

DESARROLLO

v.35-40)  Es maravilloso comprender que en el verso anterior, Dios establece que las obras fueron preparadas desde  antes de la fundación del mundo, como resultado, fruto de andar en Su Ley, para los salvados (Efe.2:10),  y por lo tanto de estas buenas obras, es el haber sido ellas elegidas desde la eternidad: el reino había sido preparado para ellas, y esto no recientemente sino “desde la fundación del mundo”. Sea que en esta frase se use desde o desde antes, etc. (Efe. 1:4), el resultado es el mismo: “desde la eternidad”. El beneplácito del Dios Trino, su gracia soberana, es el fundamento de la salvación de ellos. Sus buenas obras son el fruto (santificación), no la raíz (Justificación), de la gracia. Hay que tener esto presente a través del estudio de los versos 35 y 36, ¡A Dios solamente sea la gloria!. “porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recibisteis; necesitado de ropa y me vestisteis; estuve enfermo y me cuidasteis; estuve preso y me vinisteis a ver”. A través de todo su ministerio, por medio del precepto y el ejemplo Jesús había enfatizado la necesidad de los sentimientos y las obras de amor, misericordia y generosidad (Mat.5:7, 43-48; 8:17; 9:36; 11:28-30; 12:7, 20, 21; 14:16, 34-36; 15:32; 18:1-6, 22, 35; 19:13-15; 20:28; 22:9, 37-39; 23:37). Así que es completamente natural que esto es lo que espera de sus seguidores. Estos que aquí son llamados benditos han mostrado misericordia al Hijo del hombre mientras él estaba aún en el estado de humillación, “desechado de los hombres”. Así que con mayor razón serán llamados “benditos” cuando él vuelva en gloria. Todas estas bondades me las habéis hecho a mí, dice el Rey cuando vuelve en gloria. La combinación “yo” (tácito) y “me” aparece seis veces sucesivamente. Lo que merece atención especial es el hecho de que en cada caso de necesidad (tuve hambre, sed, fui forastero, etc.) y de satisfacción de esta necesidad (me disteis de comer, etc.) es el cumplimiento fiel de humildes deberes de la vida cotidiana lo que se da como razón para las palabras de congratulación y de aprobación, y para la grata invitación a entrar y tomar posesión de las bendiciones del reino en su etapa final. Lo que Jesús está diciendo es: “En vuestra vida y conducta cotidianas en lo que con frecuencia se llaman ‘las cosas pequeñas de la vida’, habéis dado pruebas de que sois mis verdaderos discípulos. Por lo tanto, yo os llamo benditos”. Esto muestra que en el reino de los cielos hay lugar, mucho lugar, para gente que en el sentido técnico no han profetizado en el nombre de Cristo, no han echado fuera demonios, y no han hecho “maravillas” en su nombre. En realidad, no hay lugar para los que se jactan de esos “grandes logros” (Mat.7:22, 23). Es al seguidor no pretencioso de Cristo, al seguidor sincero que le honra en las cosas de la vida común, que él declara bendito.

REFLEXION PRACTICA : ¿ De que nos estamos jactando hoy cuando hacemos algo en o para la Obra del Señor ? Dios tenga misericordia y nos enseñe hoy, lo que realmente es un fruto práctico del carácter de un hijo suyo que está siendo transformado a Su imagen, obras, así como Él las hizo (Juan 10:27, 35).

Estas personas son verdaderamente hijos genuinos de Dios, por la reacción que tienen ante las palabras del Hijo del Hombre, el Rey: v.37-39. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, o con sed y te dimos de beber; y cuándo te vimos forastero y te recibimos, o en necesidad de ropas y te vestimos; y cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a ti? Estas personas están completamente ignorantes de haber hecho alguna buena obra ¡¡¡ lo cual precisamente hizo que estas obras fueran tan buenas!!!  Les parece extraño que habiendo realizado tan poco ahora reciban el elogio pronunciado por Aquel que es el Señor y Rey de ellos. Nótese también que se les llama “los justos”. Parece imposible limitar esta expresión aquí solamente al sentido jurídico. Ciertamente el sentido jurídico es básico. Pero la justicia imputada (por la fe, por Cristo Jesús) no se debe separar de la justicia impartida (por el Espíritu Santo). La justificación va de la mano con la santificación. En el contexto presente el énfasis podría bien estar sobre la conducta que está en conformidad con la ley de Dios, obras que le son agradables, en las cuales siempre deberíamos vivir. Este servicio que hicieron había sido hecho con espontaneidad, alegría, gratitud y humildad, y luego había sido olvidado completamente. La expresión de su sorpresa recibe una respuesta memorable: v.40).” Y el Rey les responderá: os aseguro solemnemente, todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos, (aun) por el más humilde, por mí lo hicisteis.” La conexión muy estrecha entre Cristo y sus seguidores genuinos es lo que se muestra aquí, (Pro. 19:17;Mat.10:40, 42; Mar. 13:13; Jn.15:5, 18-21; 22:7; Gál.2:20; 6:17; Col. 1:24). Todo lo que se hace por uno de los discípulos de Cristo, por amor a Cristo, se cuenta como si se hubiese hecho por Cristo mismo. Especialmente “por uno de estos hermanos míos”, una maravillosa frase de amor condescendiente, lo que se hace aun más glorioso por la adición de las palabras “aun por el más humilde”. Los humildes de Cristo, son los que jamás son mencionado en titulares, en el púlpito, que no tienen ningún reconocimiento humano; es el que hace algo y lo olvida casi instantáneamente, pero que el Señor y Salvador de ese hombre humilde, lo habrá recordado a través de todas las edades y lo mencionará en el día del juicio. ¡Maravilloso! ESOS SON LOS DE QUE VAN A SU DERECHA.

v.41-46)  Ahora Jesús habla de los que van a la izquierda en este juicio final (ángeles y seres humanos). [2°Ped.2:4; Judas 6; Apo.20:10, 14-15] “Apartaos de mí, malditos, al fuego perpetuo preparado para el diablo y sus ángeles …”. Este pasaje describe el castigo de los malvados como que consiste de: a. separación (Apartaos de mí); b. asociación (“preparado para el diablo y sus ángeles”); c. fuego (“al fuego perpetuo”), a lo que hay que agregar d. (Como dice el verso 30) tinieblas (“a las tinieblas más lejanas”). Irán a un infierno preparado para el diablo y sus ángeles (v.41), lugar de tormento donde su definitiva inexistencia les espera. En otro momento podremos estudiar el tema de infierno, como lugar se separación eterna, donde Dios no se alegra que lleguen los seres humanos (Eze.33:11), por eso los invita al arrepentimiento. Sólo diremos en base al juicio final de contexto, que el infierno es lo que Dios usará para aplicar su Justicia perfecta, por lo tanto, necesario para mantener su amor perfecto. Allí irán los que no quisieron oír de Dios, los que rechazaron el mensaje del evangelio, los que no están contentos de su condición, porque para ellos su tesoro más grande es su independencia, son egoístas, solitarios, los que hacen las cosas a su manera, incapaces para estar con Dios, estos son los que aunque vuelvan a resucitar no creerán (2°Tes.1:9). Para los inconversos está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas (Jud. 13). Las razones en contraposición de las anteriores, son las mismas. v.42, 43.… “porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; fui forastero y no me recibisteis; tuve necesidad de ropa y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me cuidasteis”. Hay que notar que todos estos pecados son negativos. No se menciona ningún hecho pecaminoso, tales como la idolatría, el homicidio, el adulterio, el robo, etc. Sólo se enumeran pecados de omisión, pecados de negligencia, que demuestra que estas personas no han creído en el Hijo del hombre. Por esta incredulidad así demostrada son condenados.

En forma abreviada los impíos ahora hacen la misma pregunta que hicieron los justos v.44) Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o necesitado de ropas o enfermo o en la cárcel y no te atendimos? En ambos casos es una expresión de asombro. Sin embargo, la raíz de la pregunta revela un agudo contraste. En el caso de los justos estamos tratando del asombro producido por el servicio prestado por gratitud y entonces olvidado completamente. En el caso de los impíos la expresión de sorpresa, si no es fingida, está arraigada en el engaño de si mismo, el producto de la incredulidad. v.45)  Entonces él les responderá diciendo: “Os aseguro solemnemente, todo lo que no hicisteis por uno de los más humildes de éstos, por mí no lo hicisteis”. Debido a la estrecha conexión entre Cristo y sus genuinos seguidores (del verso 40) todo lo que no fue hecho a favor de los discípulos de Cristo se considera como que no fue hecho a favor de Cristo. EL Resultado final: v.46) Y éstos irán al castigo perpetuo, pero los justos a la vida perpetua (Dan. 12:2). En ambos casos el concepto “perpetuo” lleva la idea común de “sin fin”. “Habrá una separación permanente. El castigo y la vida son perpetuos. No habrá cambio” (Isa.66:24; Mar.9:48) “donde su gusano no muere y el fuego no se apaga”; Apo.14:11: “y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos”. El séxtuple “nunca más o no más” de Apo.18:21-23. En forma similar, con respecto a los hijos de Dios: “Ya no tendrán hambre ni sed (Apo. 7:16). En ningún lugar, ni siquiera en Apo.10:6, apoya la Escritura la noción de que después de la muerte o después del juicio ya no habrá más tiempo. En ningún lugar de las Escrituras se deifica a los habitantes del siglo venidero. El castigo de los impíos y la vida de los justos, son una realidad. Habiendo dicho esto, ahora se debe enfatizar que cualitativamente hay, por supuesto, una vasta diferencia entre el castigo y la vida. En conexión con “vida” esto ya se ha mostrado anteriormente; es la expresión “vida eterna” (o “vida perpetua”) “vida” significa salvación completa y libre. Por el contrario, “castigo” en la frase “castigo eterno” (o “castigo perpetuo”) significa condenación con todo lo que ello implica. Existencia eterna junto al eterno que existe, e inexistencia sin junto al que existe. Con esta importante palabra de instrucción, predicción, advertencia y consuelo termina el último de los seis discursos de Cristo en la forma que los presenta Mateo.

CONCLUSION

El Juicio Final de Dios es la última respuesta a la pregunta que le hicieron sus discípulos en Mat.24:3. Es el acto de Justicia Divina, diseñado para proteger y perpetuar su perfecto plan de gracia. Y para los que no aceptaron la conspiración satánica, para ese remanente  fiel, los justos, que no cambiaron la verdad, les espera estar junto a Su rey y Señor por la eternidad. Por otro lado la disciplina divina (Juicios de Dios por Su ley, como el Diluvio)  nos muestra a un Dios que no cambia, que no se arrepiente (Antropopatismo). Cada vez que lo encontramos en la Biblia ejecutando sus juicios, esto es una faceta del plan, de las políticas de Dios que influyen una nueva situación en la raza humana, pero Él no ha cambiado ni lo hará. Así que los injustos no heredarán la eternidad junto a Él y serán separados por la eternidad. Es necesario hoy, dar todo el mensaje divino, ya que Su amor sigue siendo perfecto para el pecador por medio de la Cruz del Calvario, para llegar a este momento que Dios siempre supo que ocurriría, Su Juicio Final. Amén !

APOYO ESTUDIO: IB MITEI

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