Lección: Mateo 26:36-46 Texto: 1°Pedro 4:7
INTRODUCCION
El anuncio de la negación de Pedro,
nos da el comienzo de algo que humanamente podría afectar a cualquier persona.
Aún así el Mesías sigue su camino, saliendo por la puerta oriental localizada
al norte del templo, Jesús y sus discípulos siguieron andando por el camino que
cruza el arroyo invernal de Cedrón (Jn.18:1). Siguieron hasta un punto
en que este camino se divide en tres brazos, uno de los cuales conduce al monte
de los Olivos. En algún lugar cerca de esta encrucijada había un huerto llamado
Getsemaní. que significa “prensa de aceite”. Debe haber sido un lugar
apartado, cercado, con algunos olivos y quizás una cueva usada en el otoño para
poner una prensa de aceite de olivas. Y será aquí donde el Señor Jesús, vivirá
su angustia más grande, previa al sufrimiento que humanamente se acercaba. Estos versos también los encontramos
en Mar. 14:32-42 y Luc.22:39-46 para
estudiar y sacar la enseñanza más profunda.
DESARROLLO
v.36-39) Ese lugar, era donde Jesús iba con frecuencia
en compañía de sus discípulos (Jn.18:2). Por lo tanto, era un lugar
tranquilo, un lugar para enseñar, orar, descansar y dormir. A la entrada del
huerto deja a ocho de ellos sentados y les indica que lo esperen mientras él
iba a orar. v.37) Como en otras ocasiones, eligió a Pedro y los dos hermanos hijos
de Zebedeo (Santiago y Juan) para que sigan con él más adelante ¿Por qué sólo
estos tres? Veamos Mat.17:1. ¿No es notable que en dos ocasiones Jesús otorgara
este honor no solamente a Jacobo y Juan, sino también a Pedro cuando este mismo
discípulo acaba de pecar tan gravemente contra el Maestro al contradecirle
vehementemente? Vea Mat.16:22, 26:33, 35,26:37. Esta es una indicación más del
tierno amor perdonador del Salvador. En su condición tomada de ser humano, Jesús
no solo necesitaba alimentarse, vestirse, descansar, etc. sino también estar acompañado
de los suyos. Que importante es saber que todos necesitamos compañerismo humano
(Heb.4:15 “según nuestra semejanza”). Él los necesitaba a ellos, pero mucho más
ellos a Jesús; y comenzó a llenarse de tristeza y angustia. Todas las olas y
ondas de la angustia se derramaron sobre su alma, como dice el profeta en el Salmo
42:7b. ¿Por qué este terror y desaliento? ¿Era porque sabía que ya ahora Judas
se acercaba, o se preparaba para acercarse, a fin de entregarlo a sus enemigos?
¿Era porque estaba dolorosamente consciente de que Pedro lo negaría, que el
Sanedrín lo condenaría, que Pilato lo sentenciaría, que sus enemigos se
burlarían de él y que los soldados finalmente lo crucificarían? No cabe duda de
que todo esto estaba incluido. Sin embargo, a medida que transcurre la historia
notamos que fue especialmente el pensamiento que él, un alma muy tierna y
sensible, iba a ser dejado cada vez más aislado. Muchísima gente ya lo había
abandonado (Jn.6:66). Sus discípulos lo iban a abandonar
(Mat. 26:56). Peor de todo, en la cruz iba a gritar: “Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado (tú)?” (Mat.27:46). ¿Es que tal vez aquí en Getsemaní vio
venir la ola de la ira de Dios causada por nuestro pecado? Isa. 63:3. Gloria a
Dios! en estos momentos en que nuestro Salvador, siendo Dios y habiendo tomado
forma de hombre (para tomar nuestro lugar en todo), se muestra tal cual es, con
una angustia en su espíritu, que afecta su cuerpo, sus emociones sin ocultarlo.
Fue a solas que el Salvador oró, en el Getsemaní tenebroso; solo la amarga copa
él bebió, sufriendo todo allí por mí. Solo, solo, todo lo cargó, por salvar a
los suyos, solo sufrió, solo sangró, solo murió. v.38) Ciertamente él había
llevado la maldición a través de todos los días de su humillación, pero ahora
estaba siendo abrumado por la maldición; y la consciencia de esto no lo iba a
dejar hasta que pudo decir “Consumado es” (Gál.3:13). Sabía que estaba dando su vida en
rescate por muchos (Mat. 20:28; Mar.
10:45); que él, el
Santo, estaba siendo hecho “pecado”, es decir, el objeto de la ira de Dios (2° Cor. 5:21). ¿Es de maravillarse que dijera a sus tres discípulos
más íntimos: “Quedaos aquí y velad conmigo”? Ahora más que nunca antes pesaban
sobre él los dolores de la muerte, no sólo de la muerte física sino de la
muerte eterna en lugar de su pueblo. Por eso es que habla de “tristeza hasta la
muerte”. v.39) Aquí vemos como la angustia en su alma se intensifica y con el
fin de que su oración al Padre no sea interrumpida, se aleja un poco más de sus
escogidos (no tanto tampoco, porque necesitaba su compañía), habiendo llegado a
un lugar adecuado se arroja con el rostro en tierra, en un espíritu de profunda
reverencia y temor ante su Padre celestial, mientras la tristeza y la angustia
continúan y aun crecen con cada momento que pasa. Se dirige al objeto de su oración
en la forma más íntima diciendo: “Padre mío” y prosigue: … si
es posible líbrame de esta copa; sin embargo, no como yo quiero, sino como tú
quieres. “Esta copa”, (Mat.20:22) Luc.22:42-43 relata que vino “un ángel del cielo y
le fortaleció”. Esto bien podría considerarse una respuesta a su oración,
porque aunque no le fue retirada la copa, se le dio fuerzas para llevarla a la
boca y beberla hasta dejarla vacía. El mismo evangelista afirma en el versículo
siguiente que “estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor
como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. Jesús ahora pide
ser librado de ella, es decir, que pase de él. La naturaleza completamente sin
pecado, en realidad ejemplar, de la oración se ve en el hecho de que la oración
principal “líbrame de esa copa” es introducida por la oración subordinada “si es
posible”, la que a su vez se ve aclarada por las palabras “sin embargo, no
como yo quiero, sino como tú quieres”. Jesús se está sometiendo enteramente
a la voluntad del Padre. Nunca podremos nosotros, que ni siquiera conocemos
como funciona la interacción entre nuestro cuerpo y espíritu (=alma),
comprender cómo en estos solemnes momentos se relacionaba la naturaleza Divina de
Cristo con forma humana, o viceversa. El estado de su naturaleza dio un valor
infinito al intenso sufrimiento experimentado por la humanidad de Cristo. Por
eso su sufrimiento, de principio a fin, fue todo suficiente, esto es,
suficiente para el pecado de todo el mundo. Debemos hacer énfasis en la condición
terrible en que su alma se encontraba al saber que debería enfrentar la muerte,
“muerte” que jamás está, estuvo ni estará en la mente de Cristo, esto no sería
algo lindo, ni menos liberador (cómo Sócrates y Platón, enseñarían a la
humanidad, diciendo que llegar al momento de la muerte es algo que libera el
alma, eso es falso, ya que lo que está viviendo Jesús, antes del momento, es
totalmente contrario a una liberación, su alma = cuerpo + espíritu están totalmente
angustiados. Recuerde usted, somos un alma, no tenemos un alma.)
v.40-46) Luego se devuelve a los discípulos que había
dejado velando y los encuentra durmiendo y le dijo a Pedro: ¿De modo que
vosotros no pudisteis velar conmigo ni siquiera por una hora? Era natural
dormir a esta hora, probablemente pasada ya la medianoche, especialmente
después de las emocionantes experiencias del aposento alto (el lavamiento de
los pies de los discípulos, la revelación de que uno de los Doce iba a
traicionar a su Maestro, la salida de Judas, la institución de la Cena del
Señor) y los momentos siguientes (“Todos vosotros me seréis infieles”, la
protesta de Pedro, etc.). Sin embargo, estos hombres debieran haber permanecido
despiertos. v.41) La única forma de estar despierto es “Velad”, que significa “estar
alerta” o “permanecer vigilantes”. La razón para el cambio es la frase “para
que no entréis en tentación”. Una persona puede estar completamente
despierta físicamente y todavía sucumbir ante la tentación, pero si se mantiene
espiritualmente despierta, su corazón y mente está “alerta” o “vigilante”,
entonces vencerá la tentación. La tentación para los discípulos era la de ser
infieles a Jesús. Ya sabemos que ellos, incluyendo a Pedro, no permanecieron
alertas, no hicieron una labor ferviente de la oración y por lo tanto sí
sucumbieron ante la tentación. Jesús añade: El espíritu está dispuesto, pero la
carne es débil. Si en esta hora nocturna Jesús experimentaba la debilidad de su
propia naturaleza humana y, por lo tanto, la necesidad de orar, podemos estar
seguros que esto era mucho más valedero en el caso de los discípulos. En este
pasaje “espíritu” indica la entidad invisible del hombre considerado en
su relación con Dios. Como tal es el receptor del favor de Dios y el medio por
el cual el hombre rinde culto a Dios. Por otra parte tenemos la “Carne”
en el sentido que aquí se le da, es la naturaleza humana considerada desde el
punto de vista de su fragilidad y necesidades, tanto físicas como psíquicas (Isa.40:6; 1° Cor. 1:29; Gál.5:17; Rom.7:25;
8:4-9). Para los
discípulos, cargados de sueño, era una batalla entre su “espíritu” que estaba
dispuesto, deseoso de hacer lo bueno y así estar “en guardia” contra la
tentación, y su “carne” que debido a su debilidad era susceptible de ceder a
los deseos de Satanás. REFLEXION PRACTICA: Hoy ¿no tenemos esas mismas luchas?
comenten en breve. v.42) Nuevamente, por segunda vez se alejó y oró:
Padre mío, si no es posible librarme de esta (copa) a menos que yo la beba, sea
hecha tu voluntad. Nuevamente Jesús se retira al lugar de soledad. No podía
esperar ayuda de sus discípulos somnolientos. Aunque ambas oraciones, la del v.39
y la del v. 42, son la misma en esencia, hay una diferencia en el énfasis. La
clausula principal ya no es: “Líbrame de esta copa”, sino “sea hecha tu
voluntad”, una petición idéntica en fraseología y significado con la que
Jesús mismo había enseñado a sus discípulos en Mat.6:10b. Lo que está
sucediendo es que por su propia experiencia dolorosa y angustiante Jesús está
“aprendiendo” lo que significa ser obediente y está revelando esta obediencia
en una forma progresivamente gloriosa.v.43) Vino otra vez y los encontró
durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. La somnolencia había
obtenido una vez más la victoria sobre el deseo que tenían de estar despiertos
y permanecer vigilantes. “Sus ojos estaban cargados de sueño”, porque sus
corazones no se habían llenado con la oración. Así Jesús tenía que librar la
batalla completamente solo. No recibe ayuda alguna de los hombres, ni siquiera
de los Doce, ahora reducidos a once; en realidad, ni siquiera de los tres
selectos de aquel pequeño grupo. Mar. 14:40 parece decir que el Maestro
estaba hablando a los tres, pero debido a que tenían los ojos cargados de sueño
apenas oyeron lo que decía. Por lo menos no podían responderle en forma
coherente. v.44) Entonces los dejó, se alejó nuevamente y oró por tercera
vez, diciendo lo mismo. Así que nuevamente está completamente solo, en
comunión con su Padre, a quien ama y quien lo ama; y otra vez la oración,
aunque se refiere a la copa, da expresión al principal deseo del Hijo, que se
haga la voluntad de su Padre, venga lo que venga.
v.45 y 46) No son una contradicción, al decirles Jesús que
“duerman y descansen” en el primero, y luego “levantaos y vamos”, sino que lo único
que vemos es la maravillosa compasión del pastor de los pastores, donde Él toma
su lugar y los cubre aún en eso. Habiendo obtenido la victoria, la paz perfecta
ha sido restablecida en su corazón, al haber estado en comunión con el Padre,
en ello ha sido fortalecido por la oración. Los tres hombres le habían fallado.
¡Pero su amor nunca jamás les fallará! En consecuencia, lo que tenemos aquí es
uno de los cuadros más conmovedores de los Evangelios y, además, uno que está
en completa armonía con el carácter comprensivo del Salvador a través de todo
Mateo. La vigilia fue de corta duración, después de un momento Jesús ya podía
ver la banda (soldados) que se acercaba. Ahora despierta a los tres hombres
diciendo: 45b. “He aquí, la hora ha llegado y el Hijo del hombre está siendo
entregado en manos de pecadores”. En cuanto a “He aquí”, “Mirad”, o “Poned
atención”, acerca de “Hijo del hombre”, con énfasis en la naturaleza humana de
Cristo sometida a aflicción, termina diciendo “Levantaos y vámonos. Mirad, el
que me traiciona (Judas Iscariote) está cerca”.
CONCLUSION
La perfecta imagen de Dios en Jesús, es demostrada por Su carácter. Es la
misma sustancia (Heb.1.3) que habiendo tomado forma humana,
debía enfrentar el más grande dolor y sufrimiento que jamás estuvo en su mente
divina. Por eso, en esta “prensa de aceite” (Getsemaní) fue llevado a esa
angustia que lo exprimió hasta sudar “como gotas de sangre” (Luc.22:44; Salmos 119:25), es decir hasta humanamente llegar a una hematidrosis (Condición médica
extremadamente rara, como trastorno en el cual los vasos sanguíneos capilares
que alimentan las glándulas sudoríparas se rompen, la sangre se filtra hacia
las glándulas y se mezcla con el sudor) , por lo que le venía. Una copa que
sólo Él podría beber por amor de nosotros!. Allí ya comenzó su angustia en el
espíritu y fue fortalecido, preparado, en cuerpo y espíritu para las siguientes
horas. ¿Se imagina usted si no hubiese orado al Padre, si no hubiese velado, si se hubiese quedado dormido como sus discípulos? Sin oración no hay fortalecimiento y es lo que debemos
hacer hoy, más que nunca, para no caer en tentación y que se haga Su voluntad en
nuestras vidas. Tremenda lección de quien ha tenido misericordia de nosotros,
porque muchas veces nos hemos quedado dormidos. Amén!
APOYO ESTUDIO: IB MITEI