Lección: Mateo 26:69-75 Texto: Juan 13:38
INTRODUCCION
Pedro siempre ha sido y será un apóstol
especial, en el sentido de su carácter, del trato de Jesús con él a través de
su ministerio, ahí podemos encontrar varias experiencias, palabras y hechos de
Pedro desde su llamado hasta hace un momento antes, en que corta la oreja de
Malco. Ahora, “durante la noche de la traición de Cristo y poco después”,
también proporciona material para varios sermones. Los puntos podrían ser: La
jactancia de Pedro, la predicción de Cristo acerca de él, la reiteración y el
refuerzo de su jactancia, su falta en Getsemaní, las tres negaciones, sus
lágrimas de amargura, y su restauración. Al final de su vida, pudo comprender el
costo de este camino. Estos versos de negaciones también se pueden encontrar en
Mar.14:66-72, Luc.22:56-62 y en Jn.18:15-18, 25-27, aportando cada uno a más
luz de estos momentos.
DESARROLLO
v.69-71) En Mateo
26:58 ya vemos la posición que tomó Pedro
en el juicio de Jesús ante Caifás, ahora, parecería que desde el momento mismo en que él entró en
el palacio, la portera, viéndolo desde su rincón en el vestíbulo, tuvo sus
sospechas. El hecho de que lo hubiera admitido a pedido de Juan parecía indicar
que Pedro también era un discípulo de Jesús. La intranquilidad que se podía
leer en su rostro confirma sus sospechas. Así que cuando estaba por ser
relevada por otra portera, ella camina hacia Pedro, que ya había entrado en el
patio. Fija los ojos en él (Luc.22:56); entonces, acercándose aun más ella
le dice: “Tú también estabas con Jesús de Galilea”. No ofrece dificultad
el hecho de que las palabras que ella pronunció sean relatadas en forma un poco
diferente en el Evangelio de Juan. No debe darse por sentado que alguno o
cualquiera, de los Evangelios presenta todas las palabras pronunciadas por esta
muchacha. Sus palabras acusadoras podrían haber incluido las siguientes líneas:
“¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?, Pues estoy segura
que tú también estabas con Jesús de Galilea”…v.70) Aquí Pedro es derrotado, al
decir “No lo soy” (Jn.18:17), quizás el carácter inesperado y osado de la declaración
incriminatoria de la criada lo encontró totalmente desprevenido. Pese a sus
expresiones de fidelidad (Mat.26:33, 35), ahora está asustado, en pánico. Evidentemente
había fallado en tomar de corazón la amonestación de Cristo (Mat.26:41). v.71) Vea
también en Mar.14:69, 70a y Luc.22:58. Parece que Pedro intentó salir del edificio, en su
estado de perplejidad. Había estado en el patio descubierto entre los siervos
del palacio y los guardas del templo, calentándose junto al fuego (Mar.14:54),
pero ahora las cosas se le estaban “complicando demasiado”. Probablemente tiene
miedo que en cualquier momento un subordinado pueda tomarlo y hacerlo
prisionero. Quizás le haya venido el pensamiento: “¿Qué sucederá si se dan
cuenta que yo soy quien cortó la oreja a Malco?” Así que debe tratar de escapar
del palacio tan pronto como le sea posible. Por eso a la mujer y al hombre que
le preguntan lo mismo, les vuelve a decir “no lo soy”, negando las tres veces
sin dudarlo. Parecía que la portera, que está por cumplir su turno no dejó que
se vaya tampoco, y le transmite esto a la suplente, quien también le pregunta
lo mismo, junto al hombre que las escuchó. REFLEXION PRACTICA: ¿Cómo el
miedo a sufrir algo, puede llevarnos a negar a Jesús ? Comente brevemente. ¿Será
falta de fe, poca madurez o simplemente cobardía humana? Para negarlo no tuvo
miedo y a veces nosotros también podríamos hacer lo mismo.
v.72-75) Por eso
este verso 72 es tan importante, ya que reafirma
su negación con una convicción que impresiona. Nótese que dice “al hombre” como si Jesús fuera
completamente desconocido para él. Esta vez Simón está fuera de sí por la ira y
la frustración, hace algo que no había hecho durante la primera negación. Con
un juramento comienza a negar su conexión con Jesús. El juramento de Cristo (Mat.26:63-64)
y el de Pedro (Mat.26:72, 74), ¡qué contraste! El primero confirma la
verdad; el último sanciona la mentira. Habiéndosele negado la salida, Pedro
vuelve al patio descubierto. Pasa una hora (Luc.22:59). Así que parecería que las primeras
dos negaciones ocurrieron durante la comparecencia de Cristo ante Anás. Ahora
la situación es distinta. Jesús ha sido llevado ante Caifás y todo el Sanedrín.
El primer juicio de Cristo ante este cuerpo ya había casi terminado. v.73) Durante
el intervalo de esa hora se había esparcido la noticia sobre Pedro. Ahora los
siervos del palacio y los alguaciles, los hombres que estaban parados alrededor
del fuego cerca de Pedro, comienzan a decirle que él es uno de los discípulos
de Cristo y que su mismo acento lo identifica como galileo. Una comparación de
los relatos que aparecen en los Evangelios muestra que algunas personas están
hablando a Pedro; otras acerca de él. Las acusaciones vienen de todas las
direcciones. Esto bastaba para poner nervioso a cualquiera, especialmente a Simón,
que era como decimos en Chile de carácter rápido (o mecha corta). Como si todo
esto no fuera suficiente, un pariente de Malco suelta bruscamente: “¿No te vi
en el huerto con Jesús?” Entonces él comenzó a maldecirse y a jurar: No conozco
al hombre. Allí está él invocando contra sí maldición tras maldición. Y este
galileo, mientras más fuerte habla, sin darse cuenta, más fuerte está diciendo
a los que lo rodean: “Yo soy un mentiroso”. En su infinita y tierna
misericordia el Señor, que en su soberana providencia controla todas las cosas,
viene al rescate: 74b (Inmediatamente un gallo cantó.), v.75. y Pedro recordó
las palabras de Jesús: Antes que el gallo canta, tú me negarás tres veces. Por Luc.22:61 sabemos que en el momento mismo en que
el gallo cantaba, o por lo menos muy cerca de ese momento, alguien está mirando
directamente a los ojos de Pedro. Es Jesús, con su rostro muy probablemente aún
cubierto con los salivazos, ennegrecido y amoratado por los golpes recibidos.
Parece que el Maestro, terminado el juicio, está siendo llevado a través del
patio hacia la celda, desde la cual, dentro de pocas horas, será conducido una
vez más ante el Sanedrín. Cuando Pedro oye el canto del gallo y ve a Jesús
mirándolo con ojos tan llenos de dolor, pero también llenos de perdón, se le
despierta repentinamente el recuerdo de la predicción y advertencia de Cristo
(v.34). Y salió fuera y lloró amargamente. No se dice como fue que al
fin Pedro pudo salir del palacio. ¿Puede ser porque ahora la atención de todos
los subordinados y quizás de todos los demás está puesta en Jesús? Como quiera
que sea, Pedro sale y llora como solamente Pedro puede llorar: amarga, profusa,
significativamente, lleno su corazón con un genuino pesar por lo que ha hecho. ¡Cuán
engañoso es el corazón del hombre! “Más que todas las cosas y perverso;
¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). Piénsese en ello: ANTES “Tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” çè AHORA “Yo ni siquiera conozco al
hombre”.
¡Cuánto debe haber sufrido Cristo! Sin
duda mucho más debido a estas negaciones por un discípulo altamente favorecido
y amigo suyo que por los golpes y las burlas infligidas por sus enemigos
declarados. (Sal.53:6; 55:12-14). ¡Cómo se revelan aquí la gracia de
Dios y el amor perdonador del Salvador! (Isa.1:18;
53:6; 55:6-7.)
CONCLUSION
La traición ya ejecutada de Judas tuvo su fruto, Jesús fue arrestado y
la planificación de la redención sigue adelante. La negación de Pedro a Jesús
acaba de ser algo real, pese a las advertencias, como dice el texto central de
la lección, pero el orden divino seguirá su curso. Por lo cual, lo más claro
como conclusión es saber que nada impedirá que Dios cumpla sus propósitos
eternos y lo que Él conoce de los hombres, lo anuncia con antelación para
promover un arrepentimiento verdadero que les evite su castigo, sin embargo
vemos el sucumbir de éste, cualquiera que sea, hasta el más cercano, por la
soberbia, arrogancia, humanidad y debilidad del ser caído que somos. Hay que
pensar muy bien lo que decimos, antes de hablar como dice la Escritura en
muchos proverbios. Terminamos esta lección con algunos de ellos: Pro.13:3, 18:13, 16:18, 28:26, 29:23; 1°Cor.10:12. Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI