Lección: Mateo 25:31-34 Texto: Juan 17:24
INTRODUCCION
Aunque estos versos finales también tendrán elementos
parabólicos, son diferentes, ya que aquí se establece la venida del Hijo del
Hombre, su retorno, su segunda y última venida para establecer su Reino de
Justicia. Es una descripción muy dramática y frecuentemente simbólica del
juicio final. Comenzando en estos versos con una separación que ya venía
anunciando precedentemente desde el capítulo 24, entre los que están “en Él”, ”en
Cristo Jesús”, “en el Mesías Yeshúa”, que están preparados, que no fueron
engañados, que se mantuvieron fieles en medio de las tribulaciones, y obedecieron
a la tarea evangelizadora que se les dio cada tiempo (incluyendo nuestros tiempos). No así los otros que fueron engañados,
engañadores y que tuvieron por tardanza su retorno. Lo haremos en partes, de pocos
versos para terminar este capítulo con claridad bíblica y acercándonos de la
mejor manera a esta verdad que acontecerá.
DESARROLLO
v.31-34) El Hijo del hombre (Cómo estudiamos en Mateo 8:20),
aquí es representado como sentado sobre “el trono de su gloria”. El símbolo
indica un trono muy glorioso, esto es, con un esplendor, brillantez o impresionante
luz externa que corresponde al esplendor interno y esencial de los atributos de
su ocupante. Una cosa es cierta, será un trono muy glorioso. Dios, a través del
Mediador Jesús, será el Juez. Por supuesto, en las obras divinas (tales como la
creación, la providencia, la redención o el juicio) operan las tres personas de
la divinidad (El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, donde redención es la restauración de
algo a su estado original). Sin embargo, de este pasaje es claro que el honor
de juzgar fue conferido a Jesucristo, como Mediador, como una recompensa por la
obra mediadora que él cumplió. (Dan.7:13;
Joel.3:2; Mat.13:41; 16:27; 26:64; 28:18; Jn.5:22, 27; Fil. 2:9, 10). Asociados con el Hijo del hombre en
el juicio estarán los ángeles. Aquí se mencionan no solamente porque realzan la
gloria de Cristo al formar parte de su cortejo triunfal, sino también porque se
les ha dado una tarea que cumplir : reunirán a los malvados ante el trono del
juicio y los arrojarán en el horno de fuego (Mat.13:41, 42; 2ª Tes.1:7, 8; Apo.14:17-20).
Recuerde que Mat.24:31 muestra claramente que los ángeles reunirán también a
los elegidos desde los cuatro vientos y los conducirán a su Juez Salvador. Esta
recolección de salvados y perdidos y su separación se describen en el verso 32
y delante de él se reunirán todas las naciones, y él separará los unos de los
otros como el pastor separa las ovejas de las cabras. Es claro que el juicio
descrito tiene que ver con todos, con toda la raza humana. Es tan universal
aquí como en Apo.20:11-15. Nadie queda excluido, ni los pecadores
ni los justos. “Todas las naciones” indica a todos los pueblos
indiscriminadamente; no, por ejemplo, las “naciones” en contraste con los
“judíos”, como si la esencia del Gran Juicio fuera descubrir cómo trató a los
judíos esta o aquella “nación”, eso no lo está diciendo Jesús. Ahora acotemos
lo siguiente. Hemos visto en las escuelas precedentes que de todos modos
sabemos que en la venida de Cristo los creyentes serán arrebatados en las nubes
a recibir al Señor en el aire (1ª Tes.4:17)
y por la misma escritura hoy con
más luz usando una interpretación más profunda, literal y no alegórica. ¿Por
qué sería imposible que los creyentes salieran con gozo a recibir a su Señor y
Salvador mientras al mismo tiempo los malos son conducidos ante el trono del
juicio?. Estos versos no llevan una separación de tiempo, aun cuando la Palabra
no es de interpretación privada, nos hemos ceñido a los dichos por Jesús en
esta hermosa secuencia de escatología en estos tremendos capítulos. Los que
están reunidos delante del trono son personas, individuos, sin ninguna
consideración de nacionalidad; por eso “todas las naciones”. Y en el caso de
cualquier individuo dado lo que importa es si durante su vida terrenal ha dado
evidencias de su fe en el Señor Jesucristo; por lo tanto, de una vida en
armonía con el mandamiento y ejemplo de Cristo; como mas adelante se confirmará.
Basado en esta determinación, el Juez
separa a los que se han reunido como el pastor separa a las ovejas de las
cabras. Mat.13:40-43 y 49-50. Aunque durante el día las ovejas y las
cabras con frecuencia se mezclan, cuando el pastor llama a las ovejas, las
cabras no responden. Probablemente las ovejas simbolicen a los que confían a
quien “siguen”, en Su Salvador, y son mansos y obedientes (Jn.10:3-4,27); las cabras a los que son desobedientes y destructivos (Eze
.34:17-19; Dan.8:5, 7, 21). El modo en que alguien que está delante del
Hijo del hombre ha tratado a su pueblo, es decir, a los salvados por gracia sin
considerar la nacionalidad, raza, etc., determina si es una oveja o un cabrito.
v.33. “… y pondrá las ovejas a su
derecha y las cabras a su izquierda”. Así colocados, cada persona sabe de
inmediato que está salvado o condenado. Es claro que los creyentes también
están ante el trono, no solamente por la descripción misma, “todas las naciones
… ovejas … cabras”, sino también por pasajes tales como Jn.5:28-29; Rom.14:10; 1ª Cor.3:13; 2ª Cor. 5:10.
Sin embargo, los creyentes no
“vienen a juicio”, no son condenados (Jn.3:18;
5:24). En realidad,
en el pasaje inmediatamente siguiente ni siquiera un solo pecado de ellos es
mencionado, solamente sus buenas obras (versos más adelante).
Vamos a entrar en un tema que en otra oportunidad
podremos profundizar, pero debemos frente a estos versos necesariamente tocar (es
el siguiente punto), que muchas veces se indica como una objeción: “El juicio
final es completamente innecesario e inútil porque mucho antes de ese tiempo
los reprobados ya sabrán donde pasarán la eternidad y lo mismo ocurrirá con los
elegidos. ¿No es verdad que cuando una persona muere, su alma inmediatamente
entra en el cielo o en el infierno? Así que, ¿qué propósito pueda tener un
juicio final?” Sin embargo, este razonamiento es defectuoso.
Los siguientes hechos demuestran que
el juicio final en el último día es ciertamente necesario:
a. Los sobrevivientes, es decir,
aquellos individuos que aún estarán vivos en la tierra cuando Cristo venga, todavía
no han sido asignados al cielo o al infierno. Por eso, por lo menos ellos deben
ser juzgados todavía.
b. Pero el juicio final es necesario no
solamente para ellos sino para todos. Esto es así porque el grado exacto de
bienaventuranza o condenación que cada uno recibirá en espíritu y cuerpo a
través de la eternidad aún no se ha designado. Hasta el momento del juicio
final todos los que han muerto habrán estado en el cielo o en el infierno
solamente con respecto a sus espíritus.(1ªTes.4:14)
c. Debe exhibirse públicamente la
justicia de Dios, para que sea glorificado.
d. Deben ser vindicadas públicamente la
justicia de Cristo y la honra de su pueblo. Cuando el mundo en general vio por
última vez a Jesús, éste estaba colgado de una cruz como si fuera un criminal.
Esta estimación (como si fuera un malhechor condenado por sus propios delitos) debe
ser invertida. Todos los hombres deben ver a aquel que traspasaron. Deben
contemplarlo en su gloria, con su pueblo “a su diestra”.
v.34) Entonces el rey dirá a los de su
derecha: Venid, vosotros que sois benditos por mi Padre, heredad el reino
preparado para vosotros desde la fundación del mundo … Puesto que el Hijo del
hombre está investido con “toda autoridad” (Mat.11:27; 28:18; Efe.1:22)
es llamado “el rey” (Jn.18:36; Apo.19:16). Estar a la derecha del rey
significa oír de sus labios “Venid”. Son recibidos a una comunión estrecha y
permanente de amor con su Salvador, el Juez y Rey. No es posible imaginar una
bendición más grande (Sal.17:15; 73:23-25). Ellos son los que han sido y, como lo
señala el tiempo del original, son permanentemente los “bendecidos de” o “aquellos
benditos por el Padre”, quien les otorgó la salvación, esto es, quien los libró
del mayor de los males, el pecado y todas sus consecuencias, y los puso en
posesión del mayor de los bienes, una posición justa delante del Padre y todo
lo que ello implica. Ellos oyen las palabras de gozo, “heredad el reino”.
Acerca de “reino”, puesto que este es el día del juicio, aquí la alusión es al
reino en su fase final. Los bienaventurados, que ya eran herederos por derecho,
ahora pasan a ser herederos de hecho, y esto en el sentido completo de la
palabra. Todas las promesas de la salvación plena y gratuita ahora están a
punto de cumplirse en ellos eternamente y en forma siempre progresiva; todo
esto en y por Cristo (Rom. 8:17)
en la gloria que Mesías siempre
tuvo antes de la fundación del mundo (Juan
17:24).
CONCLUSION
Cuando el ser humano (eso nos incluye,
también a nosotros los creyentes), comprendemos que el objetivo de la vida (nuestra) es conocer
a Dios, y que nuestra redención es volver al estado original, (antes de la caída)
ya que el alma viene de lugares celestiales, divinos, y que sólo sufrimos en el
descenso a este mundo que nos ha tocado, porque solo hay oscuridad y aparece nuestro Salvador, nos damos cuenta
que tenemos “en Él” la gran posibilidad de rectificar nuestra alma : ¿Qué tenemos que hacer para recuperar ese espíritu
que perdimos ? Toda la Biblia lleva enseñándonos que para eso debemos cumplir la
Ley de Dios, pero antes hay que recuperar la identidad del Mesías (Salvador=Jesús)
y sólo así empezaremos a reconstruir su imagen y por ende Su presencia en nosotros,
para llegar a esta Juicio (=Ley de Dios=Acto de Justicia Divina) Final (La
última oportunidad) que implica simplemente disciplina divina (que está en toda
la Escritura) , ya que Dios no cambia, donde cada acto que realizó (Ejemplo : El
diluvio=acto de justicia de Dios) está diseñada para proteger y perpetuar su perfecto
plan de gracia basado en la Cruz del Calvario, en estos primeros versos Jesús
está terminando con el más grande discurso de Su perfección completa, sin dejarnos
de lado, sino incluyéndonos a nosotros en este Juicio donde concluye la
separación final de los que comprendieron, creyeron y obedecieron a la verdad.
Ayúdenos el Señor para cuando el venga en Su trono de gloria a juzgar a las
naciones, quedemos a la derecha, estemos vivos o durmiendo en Él, no importando
el día ni la hora, sino solo nuestra condición de corazón delante de nuestro Salvador.
Amén.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI