Lección: Mateo 25:24-30 Texto: Lucas 13:28
INTRODUCCION
La segunda parte de esta parábola nos
lleva a la segunda categoría de siervos, a una disposición, actitud y carácter,
distinto a los de la primera parte. Sin más introducción veremos quien es este
siervo, sus pensamientos, que determinan su actuar y el resultado de ello.
DESARROLLO
v.24-27) Habiendo llegado el turno de último siervo,
para rendir su talento, vino y él dijo : Amo, siempre supe que eras hombre
duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; así que
teniendo miedo, fui y escondí tu talento en la tierra … A fin de inventar
una excusa para su propia negligencia o abandono del deber este individuo
tiene la audacia de acusar a su amo de ser “duro”, es decir, inflexible,
riguroso, inmisericorde, severo, uno que exige más de lo que tiene derecho a
exigir. Cuando el siervo dice a su amo: “Siegas donde no sembraste y recoges
donde no esparciste”, está mintiendo. Este amo no era como Faraón que sin dar
paja a los israelitas exigía que hiciesen tantos ladrillos como antes (Exo.5:7-8);
o como Roboam que dijo: “Mi padre os castigó con azotes, pero yo os castigaré
con escorpiones” (1° Rey. 12:11). Este amo, al asignar tareas,
misericordiosamente había calculado la capacidad de cada hombre. Y en cuanto a
si sembró y esparció, la respuesta es que ciertamente lo hizo, a sabiendas
cuando distribuyó sus talentos entre los tres siervos. Ahora tiene todo el
derecho de cosechar y recoger. Entonces, lo que el siervo malo está diciendo
equivale a esto: “Si al hacer negocios con el talento que me encomendaste yo lo
hubiese perdido, de todos modos me lo habrías exigido. Ese es el tipo de hombre
que eres, por eso tuve miedo. Ese temor realmente no era culpa mía sino tuya.
Tú lo hiciste de tal modo que lo único que yo podía hacer era cavar un hoyo en
la tierra y esconder el talento”. Luego, dirigiendo la atención de su amo a la
bolsa del dinero, agrega: Mira, (aquí) tienes lo que es tuyo; como si dijera:
“Con nada me he quedado. Debes estar agradecido que lo conservé intacto y que
ahora te devuelvo lo que es tuyo”. [ REFLEXION PRACTICA : Cuantas veces Dios
nos entrega algo y no hacemos poniendo muchas excusas, creyendo que la hacemos
bien. Como si Dios estuviera equivocado con los que elije o decide encomendar
una tarea. Nuestra mente divaga, inventa, crea, pero no en base a quien es el
Señor, si no en base a nosotros.] En los versos 26 y 27, se aprecia que el Amo
no queda contento con la pobre, mediocre y poco consistente respuesta. Respondió
y le dijo: ¡Siervo malvado y haragán! ¿Sabías que yo siego donde no sembré y
que recojo donde no esparcí? Entonces deberías haber invertido mi dinero con
los banqueros y a mi regreso habría recibido lo mío con los intereses. Este
hombre era malo porque deliberadamente representó mal a su amo y a sí mismo.
Falsamente acusó a su amo de ser cruel. Además, mintió cuando dijo: “Mira
(aquí) tienes lo que es tuyo”, porque realmente debía a su amo no sólo un
talento, sino todo lo que habría ganado si él hubiera sido fiel. Pero en vez de
admitir su culpa, actúa como si el amo debiera estarle reconocido por haber
sido tan cauteloso y por haber devuelto intacto todo el talento. Esto muestra
que él era verdaderamente un individuo completamente malvado y egoísta. Además,
el amo le habla como diciendo: “Tus propias palabras te condenan; porque si
estabas seguro de que yo era “duro”, deberías haberte esforzado lo más posible.
Lo menos que podrías haber hecho era poner mi dinero en el banco, de modo que a
mi regreso lo hubiera recibido del banco con los intereses correspondientes”. Estos
“banqueros” eran hombres que exhibían sus monedas en los “bancos” o en lugares
de negocios. Eran cambistas y banqueros a la vez. Por un pequeño pago cambiaban
dinero y también pagaban interés por el dinero que se les entregaba en
depósito. Naturalmente, como ocurre con los banqueros de hoy, el dinero que se
invertía con ellos lo prestaban a mayores tasas de interés. De paso, una
inferencia sin riesgo parece ser que Jesús, que relata esta parábola, no se
opone a un capitalismo responsable. Esto promueve el empleo y hace posible la
ayuda a los que están necesitados, etc. Pero ayudar a los demás era lo último
que este hombre pensaba. No solamente era malo sino también perezoso,
culpable del mismísimo pecado contra el cual repetidas veces la Escritura
descarga sus censuras (Pro. 6:6, 9, 10; 10:5; 13:4; 15:19; 18:9; 19:15, 24;
20:4, 13; 21:25; 23:21; 24:30, 31; 26:16; Ecl.10:18;
2°Tes.3:11). La
maldad y la pereza son aliadas, no que siempre el malo es perezoso y
negligente, sino que el perezoso es ciertamente perverso.
v.28-30) En estos últimos versos se expone la
enseñanza de esta parábola, que ciertamente nos sigue informando que debemos trabajar
en lo que Dios nos entregó e ir mejorando, progresando y aumentado el talento (Evangelio
de gran precio) que Dios nos dio para invertir.
La determinación es drástica : Quitadle
el talento y dárselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo aquel
que tiene se le dará (más) y tendrá mucho; pero al que no tiene, aun lo que
tiene le será quitado. El señor (de la parábola) da una orden. ¿A quién? ¿A
otros siervos que estaban presentes en el escenario, como en Luc.19:24 (“a los que estaban allí”)? Aunque no
se da la respuesta a esta pregunta, la orden misma es muy clara. El talento
debe entregarse al primer siervo, al que aumentó a diez talentos los cinco que
se le habían confiado. En esta conexión se repite el principio ya enunciado en Mat.13:12.
Un vistazo superficial a la norma aquí expresada podría causar un vivo
desacuerdo y quizás aun resentimiento. Uno podría preguntar, “¿Qué? ¿Jesús aquí
está realmente justificando el quitar al pobre para dárselo al rico?” A la luz
del contexto y de otros pasajes, tales como Mat.10:39; 16:26; Mar. 8:34-38; Luc.9:23-24;
17:32-33; y Jn.12:25-26, uno pronto descubre el verdadero significado. Es éste:
El hombre que por medio del uso diligente de las oportunidades de servicio que
Dios le ha dado por divina gracia se ha rendido al Señor para amar y ayudar a
los demás (Luc.10:29-37; Gál. 6:10; 1° Tes.5:15), y que al hacerlo así se ha
enriquecido, al seguir en ese camino se hará más y más rico. Por otra parte, a
la persona que se ha empobrecido porque nunca se ha entregado a sí mismo, aun
lo poco que una vez tuvo le será quitado. En cuanto a lo demás, siguen palabras
que fuertemente traen a la mente Mat.8:12 y 22:13: Y arrojad al siervo inútil a
las tinieblas más lejanas; allí será el lloro y el crujir de dientes. Acerca de
la segunda parte (lloro y crujir de dientes) Vea Mat.13:42; 24:51 y Luc.13:28.
Como hemos enseñado, cada uno debe ser
fiel en el uso de las oportunidades de servicio que el Señor le ha dado. Estas
oportunidades otorgadas a cada uno en conformidad con su capacidad (dada por
Dios), por gratitud a Dios debieran ser mejoradas de tal modo que se promueva
la gloria del Dios Trino, se extienda su reino y se beneficien sus “pequeños”.
La negligencia se castiga; la diligencia se recompensa. (Como lo enseña toda la
Biblia, que tiene recompensa y castigo, según nuestras obras, no las de Dios,
que sólo son de gracia para salvarnos)
PUNTOS A DESCATAR :
a. Todo lo que tenemos, sean
oportunidades o habilidades, pertenece a Dios. Nosotros somos depositarios.
Dios es dueño. Lo que tenemos aún es “propiedad suya”. Somos mayordomos. Mat.25:14;Luc.
16:2; 1° Cor. 4:1-2; 1° Ped. 4:10.
b. El Señor nos concede oportunidades de
servicio en conformidad con nuestra capacidad de hacer uso de ellas. En
consecuencia, puesto que no todos los hombres tienen las mismas capacidades, no
todos tienen las mismas o igual número de oportunidades. En el día del juicio
no importará el número de oportunidades (oportunidades de servicio,
“talentos”). La pregunta es solamente: “¿Hemos sido fieles en su uso?” Mat.7:24-27.
c. No solamente el cometer el homicidio,
el adulterio, el robo, etc. es malo, pero también lo es el omitir la
realización de buenas obras para la gloria de Dios. Mat.25:41-45; Stg.4:17.
d. Jesús no esperaba volver
inmediatamente. Sabía que iba a transcurrir un tiempo relativamente largo antes
de su regreso. Mat. 25:19; 24:9, 14; 25:5; 2°
Tes.2:2-3; 2° Ped.3:4-9; Apo.20:1-3, 7-11.
e. Todo se debe hacer teniendo en vista
el día futuro de ajustar cuentas. “¿Cómo parecerá este deseo, este pensamiento,
esta palabra o esta obra en el día del juicio final?” es la pregunta que hay
que hacerse constantemente. Mat.25:35-45; Ecl.12:14; Luc.12:47-48; Rom.2:16; 2°
Cor.5:10; Apo.20:13.
f. Aunque a la luz de su significado
para la eternidad nuestras responsabilidades aquí y ahora son muy importantes,
ellas serán sobrepasadas por las de la vida venidera. Véase Mt. 25:21, 23.
g. Participar en el gozo del Señor y del
gozo de todos los salvados es la gloria de la vida venidera. Mat.25:21-23; 2° Tim. 4:8; Efe.3:15.
h. En vez de ser fiel a lo que se le ha
confiado, una persona mala y perezosa presentará solamente excusas. Luc.13:26-27.
CONCLUSION
Mientras los otros dos siervos, de la
primera parte de esta parábola, habían estado ocupados trabajando en la
planificación de métodos para multiplicar en forma honrada el capital de su
amo, este individuo impío y perezoso había cavado un hoyo sin comprender que en
un sentido lo estaba cavando para sí mismo. Sus excusas inventadas no servirán
de nada, ya que implícitamente responsabilizaba al señor que le dio los
talentos. Los malos y perezosos serán separados de su Señor cuando
Él regrese a pedir cuentas. Dios nos ayude para no estar con este pensamiento, actitud
y resolución frente a nuestras tareas en este Siglo XXI.
APOYO ESTUDIO: IB MITEI